En la escritura gozosa de Ignacio Sanz desagua, me temo que termina, según se ha puesto el percal y teniendo en cuenta las perspectivas poco halagüeñas, una narrativa de impronta netamente castellana que tiene a Miguel Delibes como cumbre e insigne faro. Aunque en el caso del narrador segoviano su estilo, una fiesta inagotable del lenguaje y la oralidad popular en todos los órdenes, se emparente más con el magisterio indiscutible de Avelino Hernández en la práctica y difusión de estas lides. Con 'Leandro Liendres y otros relatos de la España vacía' vuelve por sus fueros, por donde solía y nos tiene acostumbrados, al subgénero cuentístico, tal vez en el que ejercita con más destreza sus abundantes dotes inventivas, en...
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