Hay dos tipos de dolores musculares que te empujan a pensar en comprar una pistola de masaje. El primero es el “me he pasado entrenando”: gemelos como piedras, cuádriceps cargados, espalda que protesta al día siguiente. El segundo es el “vida moderna”: muchas horas sentado, cervicales tensas, trapecios que viven en modo encogido, lumbares que se quejan con solo mirar el portátil. En mi caso, es más el segundo, porque mis cervicales no me dan mucha tregua, aunque he tenido algún día del primero, sobre todo cuando vuelvo de esquiar...
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