Ética periodística y desastres: el desafío de informar con dignidad y enfoque de género
Los incendios forestales que hoy afectan al centro-sur de Chile no solo han devastado territorios, viviendas, comunidades y ecosistemas. También han vuelto a poner en evidencia una falla persistente en la cobertura mediática de las catástrofes: la dificultad -o la renuncia- del periodismo a informar desde un enfoque de derechos humanos, con perspectiva de género y responsabilidad social.
No estamos frente a desastres “naturales” aislados. Los incendios, al igual que inundaciones, aluviones o sequías, se inscriben en un contexto de crisis climática, degradación ambiental, modelos productivos extractivistas y ausencia de políticas de prevención eficaces. Sin embargo, gran parte de la cobertura sigue centrada en el impacto inmediato, la imagen dramática y el relato del dolor, sin explicar causas estructurales ni responsabilidades institucionales. El resultado es una información fragmentada que conmueve, pero no permite comprender ni exigir cambios.
Desde una mirada de género, esta forma de cobertura resulta especialmente problemática. Las emergencias no afectan a todas las personas por igual. Mujeres, niñas, personas mayores y comunidades empobrecidas enfrentan mayores riesgos y cargas: responsabilidades de cuidado intensificadas, dificultades para evacuar y un aumento de la violencia de género en contextos de emergencia. Invisibilizar estas dimensiones reproduce desigualdades y limita la capacidad de respuesta social y estatal.
A ello se suma un problema ético grave: la revictimización. Entrevistas realizadas bajo shock emocional, imágenes invasivas del dolor y el uso de recursos que dramatizan la tragedia vulneran la dignidad humana. Informar no puede significar exponer el sufrimiento como mercancía informativa. El derecho a la información no se ejerce a costa de la privacidad, la integridad psíquica y el duelo.
El cuidado también debe extenderse a quienes informan. Periodistas y comunicadores trabajan en condiciones de alto riesgo físico y emocional. Respaldar el llamado del Colegio de Periodistas de Chile es clave: proteger la salud mental de quienes cubren emergencias es parte del compromiso democrático con una prensa libre y responsable.
El periodismo cumple un rol social insustituible. Puede contribuir a la reducción del riesgo y a la rendición de cuentas, o bien reforzar el miedo, el rumor y la desinformación. Para ello, resulta indispensable contextualizar, contrastar fuentes y desplazar el foco desde el espectáculo hacia el análisis. Informar también es explicar por qué estas tragedias se repiten y quiénes deben responder.
En este marco, los medios de comunicación y los organismos reguladores tienen responsabilidades claras. El Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) cuenta con estándares que resguardan el tratamiento digno de las víctimas y evitan el sensacionalismo. Aplicarlos activamente fortalece la libertad de expresión al poner en el centro los derechos humanos.
Desde una ética periodística coherente con los principios de la UNESCO, informar en contextos de catástrofe exige humanidad, rigor y enfoque de derechos. Sin contexto no hay comprensión; sin perspectiva de género no hay justicia informativa; y sin dignidad, el derecho a la información pierde su sentido más profundo.