Foro “Venezuela y el reordenamiento mundial”: democracia en retroceso y América Latina ante un nuevo escenario de poder
En Sala Máster de Radio Universidad de Chile, se desarrolló el foro “Venezuela y el reordenamiento mundial”, un espacio de reflexión académica y política, donde se trató de ir más allá de la coyuntura venezolana para leerla como parte de un proceso global más amplio. El encuentro fue organizado por nuestra emisora, la Facultad de Gobierno y el Instituto de Estudios Internacionales de la Casa de Bello.
La actividad fue moderada por Patricio López, director de Radio y Diario Universidad de Chile, y contó con la participación de Gilberto Aranda, académico del Instituto de Estudios Internacionales, y Lorena Oyarzún, académica de la Facultad de Gobierno.
Al inicio del foro, la profesora Oyarzún situó el caso venezolano en una perspectiva histórica y regional, subrayando que se trata de un país que ha sido clave en América Latina desde la década de los 70, especialmente por la bonanza petrolera, la migración regional y las expectativas de movilidad social. El contraste con el presente, sostuvo, es profundo.
“Hoy es muy chocante observar esta situación de turbulencia política, no solo por la existencia de un régimen autoritario, una dictadura que extrae al presidente Nicolás Maduro, sino también por la magnitud de la crisis humanitaria”, afirmó.
Para la académica, la experiencia venezolana deja una lección central para la región: la democracia no es irreversible. “La primera gran lección para América Latina es que la democracia siempre hay que defenderla, enseñarla y estar atentos, especialmente en un contexto donde, a nivel internacional, se menosprecia por considerarla ineficiente”, advirtió.
Oyarzún recordó que el proyecto político iniciado por Hugo Chávez contó con un respaldo social significativo, sostenido además por una bonanza económica que se extendió hasta 2014. Sin embargo, enfatizó que la combinación entre deterioro económico, concentración de poder y debilitamiento institucional abrió el camino a la consolidación de un régimen autoritario.
En ese marco, destacó el rol de la ciudadanía, de los medios de comunicación y de las universidades como espacios de defensa del pluralismo democrático: “La democracia implica escuchar a quienes piensan distinto… siempre hay que defender el derecho a disentir”.
Nicolás Maduro. Foto: IG @nicolasmaduro.
Del conflicto interno a la geopolítica global
Por su parte, el académico del Instituto de Estudios Internacionales, Gilberto Aranda, abordó el fenómeno venezolano desde una mirada histórica y estratégica. A su juicio, los hechos del 3 de enero de 2026 no pueden entenderse solo como una crisis interna, sino como parte de una reconfiguración del poder global y del rol de Estados Unidos en América Latina.
“Lo que observamos es la conjunción de una crisis interna con la reactivación de una lógica expansionista estadounidense”, sostuvo, recordando que la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, conocida el 10 de diciembre pasado, marca un retorno explícito a la doctrina Monroe y sus corolarios históricos.
Aranda trazó un recorrido por la historia política venezolana del siglo XX, señalando que el país tuvo experiencias limitadas de democracia liberal, primero entre 1945 y 1948 y luego con el Pacto de Punto Fijo desde 1958. Ese modelo, explicó, fue reemplazado por un liderazgo carismático que impulsó una democracia participativa, pero que derivó progresivamente en ventajismo político, represión estatal y, finalmente, en un régimen autoritario consolidado a partir de 2016, cuando se desconoció la Asamblea Nacional ganada por la oposición.
En ese proceso, también apuntó responsabilidades regionales: “Probablemente la región hizo muy poco frente a Venezuela”, señaló, subrayando la falta de una respuesta latinoamericana articulada y una política regional eficaz.
Nicolás Maduro detenido en el cuartel de la DEA.
Intervención, recursos estratégicos y fin de los discursos legitimadores
Uno de los ejes más críticos del foro fue el análisis de la intervención estadounidense del 3 de enero y el cambio de lenguaje en la política internacional. Aranda destacó que, a diferencia de otras épocas, ya no se apela principalmente a la democracia o los derechos humanos como justificación, sino a intereses económicos, recursos estratégicos y control territorial.
“Antes se hablaba de democracia y derechos humanos; ahora se habla explícitamente de petróleo, recursos estratégicos y control geopolítico. Eso tendrá consecuencias profundas”, afirmó, comparando la operación con la extracción de Manuel Noriega en Panamá en 1990.
Lorena Oyarzún complementó este análisis subrayando que la intervención no fue autorizada por el Congreso de Estados Unidos, lo que abre un debate político interno relevante y refuerza el giro hacia una política exterior geoeconómica. “Más allá del sufrimiento del pueblo venezolano, debemos observar cómo retrocede el derecho internacional, el multilateralismo y las normas del sistema global. No se construyó una narrativa de legitimación, lo que resulta preocupante”, advirtió.
Ambos coincidieron en que el caso venezolano revela una transformación del sistema internacional, donde principios como la soberanía, el respeto a las fronteras y el multilateralismo pierden peso frente a la lógica de las esferas de influencia.
Imagen difundida por el Departamento de Estado de Estados Unidos, con el lema “Este es nuestro hemisferio” y con Donald Trump de fondo. Foto: Departamento de Estado de Estados Unidos.
América Latina y Chile ante un mundo de esferas de poder
El foro también puso el foco en los desafíos para América Latina y, particularmente, para Chile. La profesora Oyarzún fue clara al señalar que el escenario actual exige pragmatismo político y una política exterior de Estado de largo plazo.
“Estamos en tiempos inciertos. Chile es un país pequeño, con recursos estratégicos. La clave hoy es la sobrevivencia, la autonomía estratégica y la capacidad de decisión soberana”, planteó, descartando una integración regional profunda en el corto plazo, pero apostando por la cooperación temática, las alianzas pragmáticas y la diplomacia flexible.
En tanto, el profesor Gilberto Aranda reforzó esta idea desde el concepto de multialineamiento: “Más que alineamiento, debemos pensar en multialineamiento, cooperación temática, diversificación concentrada y alianzas con países como Australia, Nueva Zelanda y el Sudeste Asiático”. A su juicio, Estados Unidos no busca autonomías estratégicas en la región, sino una subordinación cooperativa, lo que reduce los márgenes de autonomía regional, aunque mantiene abierto el espacio del comercio internacional como motor de desarrollo.
Otro de los ejes del debate fue la crisis de legitimidad de la democracia liberal. La académica de la Facultad de Gobierno, Lorena Oyarzún, explicó que, aunque la democracia sigue siendo valorada, muchas veces no logra responder a las demandas sociales, lo que genera frustración social, miedo, inseguridad y condiciones para el avance de proyectos autoritarios.
Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela. Foto: IG @delcyrodriguezv.
“El miedo, la inseguridad y la frustración explican el apoyo a proyectos autoritarios. Los partidos políticos no han sabido responder”, afirmó.
Aranda, por su parte, advirtió que la democracia liberal no tiene la misma valoración en todas las regiones del mundo y que, en Occidente, defenderla se vuelve una tarea central frente al avance de discursos autoritarios, incluso en países históricamente considerados referentes democráticos.
En el cierre del foro, ambos académicos coincidieron en que el futuro de Venezuela no puede resolverse exclusivamente desde fuera. Lorena Oyarzún enfatizó la necesidad del diálogo político, la cooperación internacional y una mirada humanitaria: “La migración venezolana hace de Venezuela un tema interméstico. Hay que actuar con pragmatismo, priorizando a las personas, con cooperación y voluntad política”.
Gilberto Aranda, en tanto, planteó que el camino actual debe ser una transición política negociada y abreviada: “Los venezolanos deben resolver sus conflictos. Vamos hacia un mundo de esferas de influencia, lo que aumenta la incertidumbre global”.
El foro cerró con una reflexión compartida: Venezuela ya no puede ser entendida solo como un problema nacional o regional, sino como un espejo de un mundo en transformación, donde la democracia se tensiona, el multilateralismo se debilita y las grandes potencias reconfiguran sus estrategias de poder. Un escenario complejo que desafía a América Latina a repensar su lugar en el sistema internacional y a construir respuestas propias frente a un orden global incierto.