Baja velocidad es lo contrario que alta velocidad, y deprisa es el antónimo de despacio. No, no están leyendo ustedes el libro gordo de Petete ni el columnista ha ingresado en un parvulario. Simplemente sucede que la degradación del AVE, con la probable consecuencia del accidente de Adamuz , ha acabado con su carácter de transporte rápido. Y no ahora porque el proceso de deterioro progresivo se ha producido a lo largo de los últimos cuatro o cinco años. Si unos trenes pensados y fabricados para circular a doscientos cincuenta o trescientos kilómetros por hora lo deben hacer a cien o menos para garantizar la seguridad del tráfico, el nombre del servicio pierde sentido y su carísima inversión se convierte...
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