Cuando el Muro cayó y la izquierda organizada –principalmente la cubana– inventó micromarxismos camuflados para mantener su hegemonía cultural, como el feminismo, el indigenismo y el ambientalismo, el Occidente libre cayó miserablemente en la trampa. Y en el primer idiota que decidió tener dos cubos de basura en casa, en la primera pobre señora a la que de un día para otro llamaron asesina por tener su bote de laca en el baño y en el primer zoo que prohibió los delfines, empezaron los trenes a romperse, los aviones a ir con retraso, el sistema educativo a ser infame, la clase política a ser una banda de cínicos, mentirosos y populistas en la izquierda; y unas ovejitas mansas y miedosas...
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