La distopía ya no necesita naves espaciales ni maquillajes imposibles. Basta con encender la televisión y ver las imágenes de Mineápolis, de Los Ángeles, de cualquier ciudad estadounidense, para sentir que hemos entrado sin aviso en 'El planeta de los simios'. Calles reconocibles, semáforos, centros comerciales, colegios. Y, de repente, la caza. El miedo. Charlton Heston corría desesperado por un mundo hostil, sin entender por qué era tratado como una alimaña a la que echar la red. Hoy Heston tiene nombre latino, acento extranjero y papeles frágiles. Corre por avenidas familiares, con la mochila del trabajo a la espalda, mientras una patrulla de gorilas armados lo busca cual presa. No es una metáfora exagerada. Me lo cuenta un taxista dominicano...
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