España mira al Ártico: el movimiento militar que se estudia para Groenlandia en plena tensión estratégica
Según Escudo Digital, el refuerzo de la seguridad en el Ártico ha dejado de ser una cuestión teórica para convertirse en una prioridad estratégica para Europa. En este contexto, España ha dejado abierta la posibilidad de participar en una misión europea en Groenlandia, en coordinación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte y con Dinamarca, país responsable de la defensa del territorio.
El debate se produce en un momento de alta sensibilidad geopolítica, marcado por el aumento de la competencia en el Atlántico Norte y por el valor creciente de las rutas marítimas, los recursos y las infraestructuras críticas en el entorno ártico. Groenlandia se ha convertido así en un punto de atención permanente para aliados y potenciales rivales.
Groenlandia, un reto operativo muy distinto
A diferencia de otros escenarios donde España ya participa con fuerzas terrestres, el caso de Groenlandia plantea limitaciones severas de clima, distancia y logística. Las enormes extensiones, la escasez de infraestructuras y la meteorología extrema hacen inviable replicar modelos de despliegue tradicionales.
Por ese motivo, Dinamarca no busca una misión de gran volumen, sino una presencia aliada sostenida en el tiempo, visible y creíble. El objetivo es triple: disuasión por presencia, protección de infraestructuras críticas —puertos, aeródromos y comunicaciones— y capacidad de reacción rápida ante incidentes en una región donde cualquier respuesta puede tardar días.
Por qué 2026 marca el calendario
El horizonte de 2026 aparece como clave por la convergencia de varios factores: presión geopolítica creciente, mayor actividad militar en el Ártico y la constatación de que sin rotaciones bien planificadas y una logística robusta, cualquier despliegue en Groenlandia pierde eficacia operativa.
De ahí que Copenhague impulse un formato de coalición reducido, con efectivos limitados, rotaciones cortas y capacidades muy concretas. Más que cantidad, se busca continuidad y utilidad real sobre el terreno.
La opción española: una base flotante en el Ártico
La fórmula que se considera más realista para España pasa por una misión naval-expedicionaria apoyada en un buque anfibio. El concepto central es utilizar el buque como base flotante, desde la que se proyecten fuerzas a tierra sin necesidad de levantar grandes instalaciones fijas.
El planteamiento incluye el fondeo o atraque puntual en la costa suroeste de Groenlandia, con Nuuk como principal nodo logístico y otros puntos alternativos como Maniitsoq, Sisimiut o Paamiut, siempre condicionados por la seguridad y el estado de las infraestructuras.
El papel del LHD Juan Carlos I
España cuenta con tres buques anfibios: el LHD Juan Carlos I (L-61), el LPD Galicia (L-51) y el LPD Castilla (L-52). Todos ellos ofrecen capacidades clave para una misión de este tipo, aunque el LHD destaca por su mayor versatilidad.
Estos buques permiten alojamiento prolongado para la fuerza desplegada, cuentan con talleres y almacenes, funcionan como nodo de mando y comunicaciones y disponen de capacidad sanitaria embarcada. Además, su cubierta de vuelo facilita la operación de helicópteros y sistemas aéreos no tripulados.
Infantería de Marina y rotaciones cortas
Sobre esta plataforma naval se articularía el despliegue de una compañía reforzada de Infantería de Marina, que bajaría a tierra de forma rotatoria para garantizar presencia continuada. Este modelo reduce la huella logística en suelo groenlandés y aporta flexibilidad frente a cambios meteorológicos.
El despliegue también serviría para consolidar el adiestramiento en clima ártico, una capacidad cada vez más relevante en el marco de la defensa europea y atlántica.
Helicópteros y drones en un entorno extremo
El paquete aéreo estudiado se basa en helicópteros NH90 y en sistemas no tripulados como el ScanEagle. El NH90 aporta movilidad táctica, evacuación médica y enlace buque-tierra, aunque su uso está condicionado por ventanas meteorológicas muy concretas.
El ScanEagle permitiría vigilancia persistente de costa y rutas marítimas con un coste contenido. Sin embargo, las operaciones en invierno presentan mayores limitaciones por viento y estado de la mar, lo que obliga a prever alternativas de inteligencia y vigilancia apoyadas en aliados y sensores remotos.
Costes y límites del despliegue
Una misión de este tipo implica un coste de oportunidad significativo. Con solo tres buques anfibios en servicio, dedicar uno de ellos al Ártico reduce la disponibilidad para otros escenarios donde España mantiene compromisos internacionales.
A ello se suma la presión sobre el personal. Con cerca de 4.000 militares desplegados de forma habitual en el exterior y un problema estructural de reclutamiento, cualquier nueva misión exige un equilibrio muy preciso entre ambición estratégica y capacidad real.
El impacto estratégico para España
Participar en una misión sostenida en Groenlandia supondría un salto cualitativo para España en el Atlántico Norte. No se trata de volumen de tropas, sino de demostrar capacidad logística, interoperabilidad y continuidad operativa en uno de los entornos más complejos del mundo.
Si el diseño resuelve tres variables críticas —logística, mantenimiento y evacuación—, España no solo reforzaría su posición dentro de la OTAN, sino que aseguraría un papel relevante en la arquitectura de seguridad europea del Ártico, un escenario que marcará la agenda estratégica de la próxima década.