Durante la primera semana tras el trágico accidente ferroviario de Adamuz, el Gobierno andaluz ha dado un ejemplo sólido no sólo de gestión en las emergencias, de atención sanitaria y de respuesta a los afectados sino también, y de manera especial, de madurez, sentido del deber y responsabilidad y fidelidad a la debida corrección institucional. Al contrario de lo que tristemente suele ser ya norma patria, en este caso no se ha usado el drama como palanca partidista en forma de reproche o acusación a otras administraciones. Al contrario. Y eso que todos los caminos llevan al deficiente trabajo de Adif, a Renfe y al Ministerio de Transportes del pendenciero e inepto Óscar Puente, estos días disfrazado bajo la piel...
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