Las abejas, tradicionalmente asociadas a la producción de miel y a la polinización, se han convertido en una herramienta clave para resolver uno de los conflictos más complejos entre humanos y fauna salvaje en África. En Kenia, la presión humana sobre el territorio ha reducido de forma drástica el hábitat natural de los elefantes, obligándolos a invadir zonas agrícolas en busca de alimento. Estas incursiones pueden arrasar campos enteros en una sola noche, dejando a familias sin recursos y alimentando un ciclo de violencia que suele acabar con elefantes muertos y comunidades empobrecidas.
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