El Teatro Real ha decidido, por fin, mirar al espectador de frente y decirle, sin disimulo y a la cara, que su único papel en este complejo negocio de la ópera no es otro que el del voyeur , que se satisface observando en sigilo vidas ajenas, que observa con cierto aire de suficiencia y morbosidad el sufrimiento y la miseria de otros, mientras se refugia en la tranquilidad de quien se cree libre de pecado. La herramienta que ha impulsado al Real a tomar una posición tan decidida se llama Barbazul , personaje al que se atribuyó una existencia real y cuya fama ha corrido gracias al viejo cuento de Charles Perrault , en el que se detalla su...
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