Dicen que el amor no conoce de edades, pero a veces tampoco entiende sobre las distancias. Aquel amigo mío estaba, desde la lejanía, enamoradísimo de Carla Bruni. Mi dura mollera se mostraba incapaz de asimilar su formidable chaladura, pero en fin, las amistades exigen ciertos peajes y tampoco vamos a pecar de insolidarios. Llevó muy mal cuando su 'amor' matrimonió con Sarkozy. Sufrió ataques de celos. Entró en barrena melancólica. Lloriqueó por las esquinas la mar de boabdilesco. Luego evolucionó hacia la furia, el odio, el ruido y el resentimiento. Cada vez que veía al francés que le había, según su distorsionado pensamiento, birlado la novia, me decía: «Míralo… pero míralo… Si le pones un delantal parece un charcutero de...
Ver Más