—Illescas se ha convertido en uno de los municipios con mayor crecimiento de Castilla-La Mancha. ¿Cuál ha sido la clave? —Nada es casual. Hay varios factores, pero el fundamental es el planeamiento. En el año 2010, en plena crisis inmobiliaria, cuando prácticamente nadie quería saber nada de ladrillo ni de desarrollo urbanístico, el Ayuntamiento de Illescas aprobó su Plan de Ordenación Municipal. Fue un proceso largo, iniciado en 2004, que llevó alrededor de cinco años de tramitación. Ese plan se aprobó en un contexto muy complicado, pero fue clave porque permitió que, cuando empezaron a verse los primeros signos de salida de la crisis, Illescas tuviera ya un planeamiento industrial, logístico y residencial aprobado. Eso nos colocó en una posición de ventaja frente a otros municipios que no lo tenían y permitió acortar plazos cuando llegaron las iniciativas empresariales y los desarrollos urbanísticos. La cercanía a Madrid es un factor importante, sin duda, pero sin ese planeamiento el crecimiento se habría producido de una forma mucho más desordenada y, por tanto, menos sostenible. Esa es la clave de bóveda de todo el proceso de transformación que ha vivido Illescas. —Más allá de la ubicación estratégica, ¿qué cree que se ha hecho mejor que en otros municipios del entorno? —No sé si mejor o peor, porque cada municipio trata de hacerlo lo mejor que sabe, pero sí creo que en Illescas se han sabido aprovechar las oportunidades y hacerlo de manera decidida. Cuando una empresa llama, hay que abrir la puerta, no cerrarla; hay que atender la llamada, no colgar el teléfono. Esa disposición política para atraer empresas, para escuchar y para tratar de resolver los problemas ha sido un elemento diferenciador. Si una empresa tiene tres posibles ubicaciones y en dos le ponen pegas, le generan problemas o directamente no le atienden, y en una se le escucha y se intenta buscar soluciones, probablemente cuando llegue el momento de decidir se decante por esa opción. —¿Cómo es la relación con el Gobierno regional y el nacional para atraer inversiones? —Ahora ya hay una inercia clara. La llegada de empresas como Michelin en 2015 o Amazon en 2016 puso a Illescas en el mapa y generó un efecto llamada. Hoy esa imagen ya está consolidada. Desde el principio ha habido una relación muy estrecha con el Gobierno regional, con una coordinación magnífica, y también con el resto de administraciones, independientemente de quién las gobierne. Somos un gobierno abierto a todas las sensibilidades y a todas las iniciativas. —Illescas es ya un referente industrial y logístico. ¿Qué tipo de empresas se buscan atraer? —Todas. Absolutamente todas. La peor empresa es la que cuesta dinero. Cualquier iniciativa empresarial que quiera invertir, generar riqueza y crear puestos de trabajo va a tener siempre las puertas abiertas de este Ayuntamiento para tratar de buscar el mejor encaje posible. Además, cuando se instala una gran empresa, el mayor valor añadido no lo genera solo esa empresa, sino las pequeñas que se colocan a su alrededor. Siempre pongo el ejemplo de un banco de peces: hay un pez grande que lidera el banco y alrededor hay muchos peces pequeños que viven de lo que ese pez grande va generando. Probablemente el conjunto de peces pequeños genere más valor añadido que el propio pez grande, pero sin él no podrían estar ahí. —Illescas roza el pleno empleo. ¿Se ha priorizado la cantidad o la calidad? —La calidad. Se ha priorizado claramente la calidad. Hay que romper el mito de que la logística solo genera empleos poco cualificados. Detrás hay muchos servicios añadidos, muchos de ellos de alta cualificación, que aportan un gran valor a las empresas que se instalan. Además, estamos hablando de empresas muy estables, muy solventes, en muchos casos multinacionales, y esa estabilidad redunda directamente en la calidad del empleo. En mayo de 2023 confirmamos un dato muy significativo: en Illescas entra más gente a trabajar de fuera de la que sale a trabajar fuera. En los últimos diez años se han creado 10.000 puestos de trabajo netos directos en el municipio. En relación con la población que tiene Illescas, es un caso prácticamente inédito en toda España. —Ese crecimiento también presiona los servicios públicos. ¿Cuál es el principal reto ahora? —El gran reto es atender no solo a la población empadronada, que ronda los 34.000 habitantes, sino a la población flotante. Illescas presta servicios a unas 70.000 personas, según los últimos datos del INE, que probablemente ya se hayan quedado obsoletos. A toda esa población también hay que prestarle servicios, porque quien viene a trabajar luego hace la compra, deja a sus hijos en la guardería, utiliza instalaciones deportivas o sanitarias. El problema es que la financiación local depende del padrón, no de la población real a la que se atiende, y ahí existe un déficit estructural que el sistema tiene que afrontar. Mientras tanto, lo resolvemos como siempre: trabajando, estando cerca de los problemas, conociéndolos de primera mano y tratando de poner soluciones cuanto antes. —¿Hay infraestructuras que se hayan quedado pequeñas, como los accesos al Señorío y más ahora con la próxima apertura del parque comercial? Nos consta que preocupa a los vecinos. —Es una preocupación real, cierto, y está en la calle. Pero hay cuestiones que no podemos resolver solos. La A-42 es competencia del Estado. Aun así, el Ayuntamiento ha invertido en los últimos años alrededor de 12 millones de euros en la remodelación de enlaces que no eran de su competencia, porque otras administraciones no actuaban. El reto que tenemos es que la transformación de pueblo a ciudad se haga bien, y en eso estamos centrados y conscientes de las preocupaciones de nuestros vecinos. —¿Qué mensaje lanza a los que temen que el crecimiento afecte a su calidad de vida? —El mensaje es claro: ese crecimiento va a afectar en positivo, no en negativo. Antes, cuando una familia quería ir al cine, tenía que coger el coche e irse a otros municipios; lo mismo ocurría con determinados servicios sanitarios, como las urgencias, que obligaban a desplazarse fuera de Illescas. Hoy el municipio tiene servicios que antes no tenía y que otros municipios del entorno tampoco tienen, y eso es consecuencia directa del crecimiento. Si ese crecimiento se hace de manera sostenible, como creemos que se está haciendo en Illescas, lejos de empeorar la calidad de vida la mejora, porque acerca servicios, equipamientos y oportunidades a los vecinos y vecinas. —En la actualidad, la vivienda representa uno de los grandes problemas del país. ¿Cómo se consigue impulsar promociones protegidas en cifras tan altas como las que tienen previstas en Illescas? —Volvemos al origen: al planeamiento. El POM permite desarrollar suelo con garantías y en plazos razonables. Además, hay una decisión política clara: el 60% de las nuevas viviendas que se construyan tendrán algún tipo de protección. Ahora mismo estamos construyendo 159 viviendas en alquiler asequible, con rentas en torno a los 600 euros, que estarán disponibles a finales de este año. Para ello, el Ayuntamiento cedió gratuitamente dos grandes parcelas. Otro punto es el Ensanche Oeste, cuando esté desarrollado, supondrá unas 4.500 viviendas, pero se hará por fases. No se puede inyectar vivienda de golpe porque eso colapsa los servicios. Hay que desinflar la burbuja poco a poco, no pincharla. Y en ese estamos.