Pediatras publican un consenso para tratar el insomnio en menores con autismo
La Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Sueño (SES) han liderado la elaboración de un consenso nacional sobre el tratamiento del insomnio en menores con trastorno del espectro autista (TEA), una condición que afecta a entre el 1% y el 2% de la población infantil en España. El documento, publicado en la revista Anales de Pediatría, responde a una necesidad urgente: hasta el 83% de los niños y adolescentes con TEA presenta alteraciones del sueño, una cifra muy superior a la de la población general.
Estudios recientes confirman que los problemas de sueño en el autismo están asociados a una mayor gravedad de los síntomas nucleares del TEA y a un peor pronóstico a largo plazo.
Dormir mal no es un simple inconveniente para estos menores. Según, Milagros Merino, representante de la SES, "si un niño duerme mal, afecta a la cognición, al rendimiento y a las emociones; se incrementan los síntomas de autismo, hay más problemas conductuales, irritabilidad, hiperactividad y déficit de atención. Y todo repercute en la noche, generando un círculo vicioso".
Los problemas de sueño en el autismo se deben, en parte, a alteraciones en los neurotransmisores que regulan el sueño y la vigilia. Aunque no siempre es posible curar el insomnio, sí se puede mejorar la calidad de vida de los menores y sus familias con un abordaje adecuado.
En primer paso: una "agenda de sueño libre"
El consenso ha contado con la participación de la Federación Española de Sociedades de Medicina del Sueño (Fesmes), la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (Senep), la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap, la Sociedad de Psiquiatría Infantil de la AEP y la Confederación Autismo España, lo que garantiza una visión integral y actualizada.
El primer paso recomendado es conocer las necesidades reales de sueño de cada menor. Para ello, se aconseja realizar una "agenda de sueño libre" durante una o dos semanas, permitiendo que el niño se duerma y despierte de forma natural, para identificar sus ritmos y necesidades.
El documento enfatiza la importancia de las medidas no farmacológicas como primera línea de intervención. Entre ellas destacan la necesidad de establecer rutinas claras que marquen el contraste entre el día y la noche: luz y actividad física por la mañana, oscuridad y calma por la noche; fomentar hábitos de higiene del sueño desde el despertar, mejorar el ambiente del dormitorio y controlar las alteraciones sensoriales, muy frecuentes en el autismo.
Estas pautas deben mantenerse durante varias semanas antes de valorar la necesidad de tratamiento farmacológico.
Cuándo y cómo usar medicación
Si las medidas anteriores no son suficientes, el especialista puede prescribir tratamiento farmacológico, siempre acompañado de un seguimiento exhaustivo mediante la agenda de sueño. El fármaco de primera elección es la melatonina pediátrica de liberación prolongada (MPLP), comenzando con 2 mg/día y ajustando hasta 10 mg/día según la respuesta.
En casos de insomnio de inicio (dificultad para conciliar el sueño), se recomienda melatonina de liberación inmediata, con dosis inicial de 5 mg/día, ajustando según eficacia. Si los problemas persisten, se pueden añadir otros fármacos como alimemazina, risperidona o clonidina, siempre bajo control médico.
La melatonina es el tratamiento farmacológico más estudiado y seguro en población pediátrica con TEA, con eficacia demostrada en la reducción de la latencia de sueño y el aumento del tiempo total de descanso. Sin embargo, la respuesta es individual y siempre debe ir acompañada de intervenciones conductuales.
El consenso insiste en que "el fármaco forma parte del tratamiento, pero no es todo el tratamiento, ni mucho menos". Si tras estas intervenciones el insomnio no mejora, es necesario reevaluar el caso en profundidad, señalan.