Marbella se ha convertido ya no solo en el destino ideal para veranear entre yates, Lamborghinis y gintonics al atardecer, sino también en el escenario perfecto para montar series que van desde el lujo más ostentoso de los ricos hasta los 'affairs', los golpes de mafia y las tramas de droga que parecen casi una extensión de la crónica local. Esa mezcla de coches de 300.000 € aparcados junto al paseo marítimo, jeques con corbata y narcolanchas surcando la costa hace que la ficción no tenga que esforzarse mucho para parecer real: aquí mismo la Costa del Sol se ha ganado la reputación de 'sede global del crimen organizado', según el reportaje que inspiró la serie 'Marbella', de Movistar Plus+ y que la ficción abrazó con descaro. Que Marbella sea un paraíso hortera y peligroso no está tan lejos de la realidad como uno pensaría: basta con imaginar a un jeque discutiendo con otro por el color del Ferrari mientras la fiscalía sigue pistas de un cargamento de cocaína en la playa. Hugo Silva lo conoce bien, en la primera temporada de Marbella , Hugo Silva encarnaba la vida de un abogado hábil, rico y moralmente flexible gastando tanto como defendiendo a mafiosos en la Costa del Sol, y ahora en la segunda, el mismo César se ve obligado a enfrentarse a la justicia desde los despachos de un juzgado contra una fiscal implacable. En esta segunda temporada, 'Marbella. Expediente judicial', la trama se intensifica y gira hacia un territorio abrupto: la batalla judicial contra el crimen organizado. 'Marbella' se pone serie y es que tras el torbellino de excesos y caos legal de la primera parte, ahora sitúa en el centro del relato a Carmen Leal, una fiscal antidroga interpretada por Natalia de Molina , que llega a Marbella decidida a desmontar no solo las redes de narcotráfico que controlan buena parte de la Costa del Sol, sino también a erradicar a aquellos abogados que las protegen desde las sombras. A lo largo de seis episodios, dirigidos por Dani de la Torre y Oskar Santos, la temporada muestra cómo esta mujer decidida y capaz choca frontalmente con César Beltrán ( Silva), que ha vivido siempre en el filo entre la ley y la impunidad. Esta nueva parte va por tanto más allá del thriller criminal, no continúa solo con la historia de César, sino que da un paso más hacia los entresijos del sistema judicial en un escenario donde la línea entre víctima y verdugo es tan fina como una sentencia dictada tras una larga noche de pesquisas. Marbella sigue siendo, incluso dentro de este universo narrativo creado por Dani de la Torre y Alberto Marini, ese paraíso hortera de ricos y fiestas con mansiones, cochazos y excesos como telón de fondo. Era habitual ver a su protagonista en camisa abierta y traje impecable mientras defendía a capos en juicios por la mañana y cerraba negocios con jeques en yates al atardecer; fiestas interminables, desayunos con bogavante gallego y narcolanchas surcando la costa al ritmo de música electrónica. La serie aprovechó esa realidad exagerada para contar historias que rozan lo caricaturesco sin perder de vista lo crudo del mundo criminal: desde matones que ostentan como si fueran estrellas de Instagram hasta abogados que negocian en chiringuitos mientras el sol cae sobre el Mediterráneo. Ese mismo paisaje de lujo, descontrol y mafia es el que mantiene viva la sensación de que Marbella es, dentro de la ficción y fuera de ella, un lugar donde todo puede pasar y donde la realidad supera a la ficción.