Por qué Australia controla dos islas a más de 4.000 kilómetros de su territorio
En los mapas del mundo, a menudo hay puntos tan remotos que parecen errores de impresión. Dos de ellos están en el océano Austral, azotados por vientos constantes, rodeados de aguas heladas y sin una sola ciudad, aeropuerto ni habitante permanente. Se llaman islas Heard e islas McDonald y, aunque están a unos 4.000 kilómetros al suroeste de la Australia continental, pertenecen al país oceánico.
A primera vista, cuesta entender por qué un país invierte dinero y logística en administrar un territorio donde manda el hielo y, en Heard, el macizo Big Ben, cuya cumbre Mawson Peak es volcánica y activa. Pero la clave no está en la tierra, sino en lo que la rodea: mar, derechos y estrategia.
Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), un Estado costero puede declarar una Zona Económica Exclusiva (ZEE) de hasta 200 millas náuticas, que equivalen aproximadamente a 370 kilómetros, medida desde sus líneas de base. En esa franja, el país tiene derechos soberanos para explorar, explotar, conservar y gestionar los recursos naturales (como la pesca y ciertos recursos del subsuelo) y también jurisdicción sobre determinadas materias, como la protección del medio marino y la investigación científica marina, además de regular ciertas actividades económicas.
De acuerdo con datos oficiales recopilados por Geoscience Australia, el área de ZEE asociada a estas islas alcanza 410.722 km². Es un tamaño enorme para dos puntos casi invisibles en el mapa: equivale a más que la superficie de Alemania y es aproximadamente 1,7 veces el área del Reino Unido.
El traspaso de 1947
La soberanía australiana sobre estas islas no se explica por un hallazgo reciente ni por una carrera actual por recursos: es, en parte, historia. El Reino Unido reclamó formalmente Heard y McDonald a comienzos del siglo XX y transfirió su administración a Australia en 1947.
Desde entonces, las islas se consideran un territorio externo australiano y son gestionadas por la Australian Antarctic Division, el organismo que coordina buena parte de la actividad del país en el sur polar.
Pesca: el valor económico
En el océano Austral, la pesca puede ser un asunto delicado: por un lado, hay especies valiosas; por otro, ecosistemas frágiles y distancias que complican vigilancia y rescate. En torno a Heard y McDonald, Australia permite pesca limitada y regulada, precisamente porque su ZEE le otorga la capacidad de decidir quién entra, cuándo y cómo.
Ciencia y clima
Heard y McDonald también son valiosas por una razón menos visible: son un laboratorio natural. No hay población, infraestructura urbana ni contaminación local sostenida. Eso permite estudiar procesos ecológicos y geológicos con un ruido humano mínimo.
Heard, en particular, es un caso singular: gran parte de su superficie está glaciada y se utiliza para observar el retroceso de glaciares y sus vínculos con el cambio climático, además de fenómenos volcánicos en un entorno subantártico. En 2025, Australia volvió a realizar visitas científicas a la zona, precisamente por el valor de monitoreo ambiental.
Patrimonio mundial
Estas islas también tienen un estatus de protección excepcional. Heard y McDonald están inscritas como Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus valores naturales y su carácter prácticamente intacto.