Donroe: La nueva filosofía del poder y el instrumento del reordenamiento en el mundo
En la posguerra se crearon instituciones muy importantes y necesarias para garantizar la estabilidad y el desarrollo de las economías. En la conferencia de Yalta no sólo se debatieron formas, sino que se tomaron determinaciones prácticas y se estableció un nuevo orden mundial, en el que los triunfadores se repartieron lo existente y conformaron nuevas formas de hacer política.
La ONU, el Banco Mundial, la OTAN, la OMC, la UNESCO y muchas otras instituciones hicieron su trabajo. El tiempo pasó y han sufrido un desgaste considerable, perdiendo su capacidad para operar y ordenar el concierto de naciones. Están rebasadas por la realidad y por el surgimiento de un nuevo orden.
Con el correr de los años, el mundo ha experimentado un reordenamiento en la política, la economía y el comercio. Es impresionante el desarrollo tecnológico y científico de China, que ha consolidado su poder liderando el comercio internacional. En este contexto, han emergido cuatro grupos hegemónicos de poder: Estados Unidos, China, Rusia y Europa.
Es en este escenario que Donald Trump asume el poder y, de forma unilateral, anuncia un nuevo reordenamiento mundial. El tema es político, de liderazgo, no económico. Los aranceles son simplemente instrumentos de presión y dominio.
En cuanto a México y países como Venezuela, Trump denuncia problemas muy graves como la migración desordenada, el narcotráfico y los narcopolíticos y se compromete a sanear, según él, lo podrido, desmantelar carteles y poner en jaque a las dictaduras en América.
Venezuela es el ejemplo. Trump quiere hacer historia. Quiere dejar huella y reposicionar a su país como el líder mundial. Su nueva doctrina, la Donroe, una versión actualizada de la del presidente Monroe, es el instrumento base para el nuevo ordenamiento del mundo. «América para los americanos». Venezuela, Cuba, Colombia, México y Nicaragua, sus puertos a atracar.
México le representa medallas de triunfo y va por ellas mediante el desmantelamiento de los carteles y el enjuiciamiento de los narcopolíticos. Sin embargo, sigo insistiendo en que es el momento adecuado para que el gobierno de México ponga sobre la mesa el tema de la pobreza y la urgente seguridad de la frontera sur. Al presidente Trump le sería útil acompañar el garrote con un programa de desarrollo económico para esta región estratégica. A Estados Unidos le conviene tener un vecino y socio próspero y con gran seguridad nacional. Habría que construir, de forma conjunta, infraestructura y proyectos productivos para reactivar la economía en beneficio de la gente y la seguridad de Estados Unidos.
La globalización sacudió las estructuras conservadoras y le abrió al mundo comercial una gran puerta para la integración de la producción industrial. Se dio la oportunidad de aprovechar las ventajas comparativas de los diferentes países, lo que permitió su participación en proyectos que, de otra manera, habrían sido inalcanzables.
El mundo cambió con la incorporación de nuevas fuerzas al concierto de la economía global. Está a la vista un reordenamiento donde se recogerá lo mejor de la globalización, pero de ninguna manera se puede pensar en su aniquilamiento. Estados Unidos y China seguirán operando sobre los principios básicos y las ventajas que ha demostrado la comercialización global. Se pondrán de acuerdo en un nuevo esquema de participación que les permitirá, de forma conjunta o por separado, garantizar sus respectivos intereses.
En fin, tiempos nuevos y vientos huracanados. México necesita aprovechar esta coyuntura: negociar bien el Tratado de Libre Comercio, construir la infraestructura necesaria para aumentar su competitividad y crear, en conjunto con el presidente Trump, un polo de desarrollo en la frontera sur.