Tal vez fue Marco Polo quien trajo desde China ese objeto festivo que terminaría llamándose piñata; un regalo 'civilizatorio' que, literalmente, hay que abrir a golpes, un divertimento en el que no falta el ejecutante ocasionalmente 'cegado'. Jordi Colomer (Barcelona, 1962), en una lúcida intervención titulada 'Avenida Ixtapaluca (houses for México)' (2009), filmaba un suburbio en el límite de esa megalópolis fascinante y siniestra que hace años se llamó 'el DF'. Los habitantes de ese barrio de casas estandarizadas participaban en una acción en la que se iban 'pasando' un muñeco-piñata de Buzz Lightyear, el astronauta flipado de 'Toy Story' que tenía por euforizante máxima «Hasta el infinito y más allá». En cierto sentido, las indagaciones o derivas de Colomer...
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