Moncloa replica en el accidente de tren la estrategia del apagón
El Gobierno está replicando, en el accidente de trenes de Adamuz, la estrategia de comunicación de crisis que siguió tras el apagón eléctrico. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acudió ayer al epicentro de la tragedia, en Córdoba, flanqueado por el titular de Transportes, Óscar Puente; el de Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la vicepresidenta primera y candidata socialista en Andalucía, María Jesús Montero. Sánchez prometió «transparencia» cuando se conozcan las causas de un siniestro en el que murieron al menos 40 personas al cierre de esta información y que el Ejecutivo ha rodeado de incógnitas.
El propio Puente ha reiterado en varias ocasiones lo «extraño» de la colisión, el primer accidente en la historia de la red española de Alta Velocidad. Y el presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, descartó casi por completo la posibilidad de que la tragedia se desencadenara como consecuencia de un error humano. El Gobierno y el resto de administraciones implicadas en la gestión de la crisis se esfuerzan en trasladar a los españoles una imagen de «lealtad» institucional que el propio Sánchez agradeció ayer.
El Ejecutivo es consciente de que no puede permitirse otra sacudida que ponga en peligro la credibilidad del Estado y de los responsables al frente. No importa en qué nivel de la Administración. Por eso, las espadas estuvieron a la baja con el presidente andaluz, el popular Juanma Moreno, que también compareció junto al jefe del Ejecutivo. Como ocurrió con el cero energético de hace casi un año, la administración general es la competente de la gestión de la infraestructura ferroviaria (Adif). Por eso, el Gobierno mide muy bien la información.
La primera reacción institucional cuando ocurre una crisis es minimizar el impacto público: se abren investigaciones, como ha hecho el Gobierno; se promete transparencia, como también ha hecho, pero sin admitir responsabilidad de forma inmediata. El uso de expresiones como «se esclarecerán los hechos», «estamos recabando datos» o «coordinación entre actores implicados» es parte de ese lenguaje técnico-político para ganar tiempo y controlar la narrativa.
Los gobiernos, en general, suelen escudarse en sistemas complejos, como el ferroviario o el energético en su momento, las responsabilidades están fragmentadas entre varios entes –ministerio, organismos reguladores, empresas públicas o privadas, etc.–. Y todo ello facilita que cada parte pueda eludir culpas. Reconocer un error es caro y para el Gobierno implicaría erosionar su credibilidad. Y el PP ya está apretando. Su líder, Alberto Núñez Feijóo, pidió al Gobierno que explique con toda claridad qué ha pasado.
Las sociedades modernas son una enrevesada red de actores operando en un sistema tan intrincado que permite a los gobiernos difuminar las responsabilidades cuando hay un fallo que conduce al caos. Precisamente esa complejidad es la pantalla tras la que se está protegiendo el Gobierno.
Los expertos en comunicación de crisis coinciden en que en toda catástrofe lo primero son las víctimas; lo segundo es explicar qué ha pasado. Es decir, todo lo que se sepa hasta ese momento. Lo tercero es contar qué es lo que se está haciendo, o sea, qué está en la mano del Gobierno, qué medidas está tomando o ya ha tomado. Y lo cuarto son las peticiones a la gente, como la que también hizo ayer Sánchez.
El presidente pidió a los españoles que se informen solo por canales oficiales y medios de comunicación de contrastada solvencia para evitar la propagación de bulos. El problema para el Ejecutivo serán los porqués. El equipo más cercano al presidente también sabe que no puede meterse por ahora en el charco de las causas. Por eso, el presidente no entró ayer en qué había provocado el accidente y se limitó a decir que se iba a investigar y que los técnicos iban a estar trabajando con ellos, que se abriría una investigación.
Fuentes gubernamentales admiten, en conversación con este diario, su preocupación por los bulos en redes sociales. Ya durante la crisis de la dana, el propio ministro de Transportes se dedicó a desarticular todo contenido falso a golpe de publicación en la red social X. Los expertos en comunicación política e institucional reiteran que, en una mitad de una crisis, es esencial monitorear las conversaciones en las redes para identificar y responder a los rumores que tanta desinformación provocan, porque son torpedos a la verdad que dañan la percepción pública. En cualquier caso, fuentes del Ejecutivo reiteran en que «habrá tiempo» para determinar la causa de la tragedia que ha conmocionado a España y de pedir la asunción de responsabilidades.