Suena algún pito tímido en el Metropolitano, sofocado por la megafonía, después de la exigua victoria del Atlético ante el Alavés. Triunfo a la vieja usanza. Sudando, defendiendo un 1-0, el equipo lleno de centrales y pidiendo la hora. Un gol de Sorloth devolvió al grupo de Simeone al mundo del 1-0 y gracias. Una mala noticia. Sin ser el mítico Vicente Calderón y su Paseo de los Melancólicos, el Metropolitano quiere ser castizo, o algo parecido. La mayor fila de aficionados una hora antes del partido no es para la tienda con camisetas a precio de oro o las placas de las leyendas. El personal busca una caseta con bocadillos de calamares a 5 euros, refrescos a 4, y...
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