La muerte laboral a los 45 años desangra a las Fuerzas Armadas
En los albores del siglo XXI se culminó de manera definitiva la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Frente a la mítica «mili» llegaba un ejército tecnificado, voluntario y expedicionario, capaz de desplegarse en entornos internacionales complejos.
Sin embargo, este cambio introducía una cláusula que con los años se ha convertido en un veneno que está destruyendo la columna vertebral del mismo: sus hombres y mujeres.
El cese forzado del personal de Tropa y Marinería al cumplir los 45 años de edad para aquellos que no promocionaban se ha convertido en un mal que destruye vidas.
Lo que sobre el papel parecía una medida racional para rejuvenecer las plantillas, se ha convertido hoy en una crisis social, laboral y psicológica de proporciones mayúsculas.
La problemática conocida coloquialmente como "el despido a los 45 años" se convierte un fenómeno que afecta a miles de servidores públicos.
Hombres y mujeres que, tras décadas de servicio en zonas de conflicto y garantizando la seguridad nacional, son expulsados de la institución militar bajo una premisa de operatividad cuestionable, enfrentándose a un mercado laboral civil marcado por el edadismo y la falta de homologación de sus competencias.
Mientras que oficiales y suboficiales tienen una duración permanente en sus contratos, la tropa está firmemente adherida a la temporalidad sistémica.
El sistema estructura el compromiso en tres fases que actúan como un embudo. Primero, un Compromiso Inicial de máxima inestabilidad, renovable hasta seis años.
Segundo, el Compromiso de Larga Duración (CLD), un contrato que extiende la vida militar hasta los 45 años y donde se encuentra el grueso de la tropa actual.
Y tercero, la codiciada Condición de Permanente, la única vía para obtener la estabilidad funcionarial comparable, por ejemplo, a la de un Guardia Civil.
El problema radica en que el acceso a la permanencia no es automático, sino un concurso-oposición feroz. El número de plazas es ínfimo comparado con el volumen de efectivos que alcanzan la edad límite. Además, se exigen titulaciones de Técnico de Grado Medio que muchos soldados, que ingresaron con la ESO, no poseen.
Esto obliga al militar a estudiar titulaciones técnicas civiles mientras está en activo, compaginando guardias, maniobras y misiones en el exterior, en una carrera de obstáculos que pocos logran superar.
La reserva: una condena
Cuando el reloj marca los 45 años y no se ha logrado la permanencia, el soldado es cesado y pasa a la situación de Reservista de Especial Disponibilidad (RED).
Esta figura, exclusiva de nuestro ordenamiento, conlleva una asignación por disponibilidad no contributiva que se ha convertido en el núcleo de la crítica sindical.
La cifra no pasa de los 600 euros y para una persona de esa edad si ha formado una familia resulta bastante exigua tal y como señalan desde las principales asociaciones como ASFASPRO.
Esta cantidad, fijada hace casi dos décadas, ha sufrido una depreciación brutal. Mientras el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha escalado en los últimos años hasta superar los 1.100 euros para compensar el coste de la vida, la paga del RED permanece estancada.
El Ministerio de Defensa argumenta frecuentemente que los años de servicio dotan al soldado de un currículum que le prepara perfectamente para la vida civil. La realidad del mercado laboral español desmiente este optimismo con crudeza.
Herramientas como el SAPROMIL (Sistema de Aprovechamiento de Capacidades Profesionales), diseñado para conectar a los militares con empresas civiles, han demostrado una ineficacia alarmante.
Las asociaciones militares denuncian que las ofertas son escasas y, en su mayoría, para puestos de muy baja cualificación (seguridad sin armas, limpieza) que descapitalizan el talento técnico del soldado.
Muestras claras en nuestras calles
Los ejemplos están siempre presentes ante nuestros ojos. Uno de los más señalados por la tropa es la del transporte. El Ejército de Tierra forma a miles de conductores de vehículos pesados y blindados.
Personas capaces de mover convoyes enormes en misiones logísticas complejas, pero el carnet militar no incluye el Certificado de aptitud Profesional (CAP), por lo que conducir un tráiler con suministros en las devastadas carreteras de Oriente Medio no habilitan al soldado para conducir un camión de una empresa logística.
Lo mismo ocurre con soldados con especialidad sanitaria. Capaces de ofrecer primeros auxilios a personal herido o de conducir ambulancias en entornos de conflicto, pero incapaces de llevar una ambulancia civil.
Este problema, por supuesto, no existía antes. Muchas personas aprovecharon la «mili» para fraguarse una carrera profesional a futuro en el mundo civil. Desafortunadamente, ahora son expulsados de esos entornos en los que serían muy válidos y en los que de hecho hace falta un aumento de la fuerza laboral.
Una salida lógica son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Sin embargo, el caso de la Guardia Civil es paradigmático. Históricamente nutrida por el Ejército, reserva plazas para militares con 5 años de servicio. No obstante, el límite de edad para el ingreso es de 40 años.
El soldado es despedido a los 45. Existe, por tanto, una "zona muerta" entre los 41 y los 45 años donde el militar, aun estando plenamente activo y operativo en su unidad, ya no puede opositar a la Benemérita.
Cuando la urgencia del despido se hace real, la vía de escape legal ya ha caducado. La Policía Nacional, por su parte, permite el acceso hasta la edad de jubilación, pero exige el título de bachillerato.
A esto hay que sumarle los problemas psicológicos que causa esto en la tropa y la marinería. Tras décadas sirviendo a su país se sienten desconectados y traicionados por la institución en la que han invertido su vida por salarios pobres.
El modelo ha fallado y desde las asociaciones se pide una Ley Única de la Carrera Militar que acabe con la temporalidad, la paralización de los despidos hasta garantizar la reinserción real y la homologación de los oficios militares.
Mientras esto no se aplique, la fábrica de parados que es el Ejército seguirá operando a pleno rendimiento, expulsando talento y lealtad al vacío del desempleo.