Honor a lo más alto del altar de la Patria
Al espirituano Deiby Aquino las madrugadas le parecen inmensas. Se lo achaca a los años que ya son unos cuántos y a lo mucho que ha vivido. Pero, en la del 16 de enero, las horas se hicieron mucho más interminables. Suficiente para volver a verse vestido de verde olivo con fusil en ristre en tierra angolana.
Son recuerdos de orgullo que le cuelgan. Le alivian. Le calman. Lo impulsan a levantarse diariamente con el mismo espíritu de sus años bisoños.
«Todos los días vimos el peligro de cerca porque estuve en un lugar muy malo, al sur de Angola», cuenta nitidez.
Hoy como ayer, Deiby Aquino confirma que valió la pena cada jornada en un suelo distante a la cuna que le vio nacer. Allí era Cuba. Allí estaban sus hermanos de lucha. Allí dejó sembrado su compromiso.
«Eso de ir a otras tierras lo tenemos impregnado desde los mambises».
Y el respeto toma el timonel de sus memorias. Por eso, las bajas temperaturas que espabilaron el amanecer espirituano este 16 de enero no le impidieron llegar hasta la Plaza Mayor General Serafín Sánchez Valdivia. Como ayer cuando conocía de la caída en combate de un cubano en la lucha contra el apartheid siente el dolor estrujarle fuerte el alma.
«Estoy aquí para reafirmar y apoyar lo que hicimos y para que se mantenga ese espíritu nuestro de seguir prestando ayuda a quienes nos lo solicitan. Defendimos y defendemos la soberanía y libertad».
Pasó frente a las fotos de los 32 orgullos de Cuba. Se tomó todo el tiempo porque se encontró en cada uno. Inclinó su alma porque el respeto, honor y gloria hacia los héroes no precisan de muchas palabras.
Deiby Aquino lo sabe bien. Y no solo porque carga con muchos años sino porque está consciente que no hay otra mejor ofrenda para quienes suben a lo más alto del pedestal de la Patria.