El sonido, la nueva arma invisible de la guerra
En un momento dado lanzaron algo; no sé cómo describirlo», dijo. «Fue como una onda de sonido muy intensa. De repente sentí que mi cabeza estaba explotando desde el interior. Todos empezamos a sangrar por la nariz. Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos. Ni siquiera podíamos ponernos de pie después de esa arma sónica, o lo que fuera».
El testimonio de uno de los guardias de Nicolás Maduro, horas después del ataque estadounidense a Venezuela, llamaba la atención sobre una supuesta nueva tecnología utilizada por Delta Force, que explicaría cómo solo se desplegaron ocho soldados sobre el terreno. En el operativo estuvieron implicadas armas más convencionales -aviones F-22, F-35, F-18, helicópteros– y otras de uso más reciente, como drones pilotados en remoto. También se apunta al empleo de armas sónicas.
¿Qué son?
«Hay tres tipos de armas sónicas: las infrasónicas, las de sonido intenso y las ultrasónicas. Existe un arma estadounidense, llamada Long Range Acoustic Device (LRAD), que es un sistema acústico de largo alcance y direccional, que emplea sonido a muy alta potencia y provoca efectos parecidos a los narrados por los testimonios: efectos en los oídos, pero también en los pulmones, en el cerebro, cardiovasculares y sangrados. Funcionan entre los 1.000 y los 1.400 hercios y parece que Estados Unidos las ha utilizado en Afganistán e Irak. Cuando el sonido supera los 120 decibelios resulta muy molesto; si se eleva por encima de los 160 hay rotura de tímpanos, y si supera los 175 afecta a los pulmones, provocando efectos casi letales. Yo diría que la cosa puede ir por ahí: un arma que, lanzada a unos metros de distancia, desorienta», comenta Pere Brunet, investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz. Para imaginar el ruido que producen estas armas LRAD, el medio The Conversation hace una comparativa y señala que «estar de pie directamente detrás de un motor a reacción mientras un despegue supone entre 130 y 140 decibelios».
Se comenzó a hablar de ellas en el año 2000 tras un incidente en el mar: el destructor estadounidense USS Cole fue atacado por una pequeña embarcación cargada de explosivos. El personal a bordo no pudo comunicarse, lo que dio lugar al desarrollo de estos dispositivos capaces de proyectar sonidos muy potentes a largas distancias. «Figuran en el catálogo de armas que utiliza la policía antidisturbios», comenta Brunet. De hecho, el Centro Delàs, con el que colabora, publicó hace unos años un informe en el que analizaba las «armas potencialmente letales», entre las que se incluyen las armas sónicas, junto a los cañones de agua, los gases lacrimógenos o las pelotas de goma.
Uno de los casos más relevantes de uso policial de estas armas se produjo en 2025 en Belgrado, durante una marcha de protesta de más de 100.000 personas contra el gobierno de Serbia. Las protestas comenzaron tras el derrumbe del dosel de la estación de tren de la ciudad de Novi Sad, en el que murieron 16 personas. Muchos ciudadanos responsabilizaron al gobierno por la corrupción y el desprecio hacia las regulaciones de seguridad. Un fotógrafo de AP afirmó entonces que la gente comenzó a buscar refugio de forma repentina y a correr presa del pánico mientras experimentaba un gran malestar: aceleración del ritmo cardíaco, temblores, problemas auditivos, vómitos y náuseas. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos pidió tiempo después formalmente al gobierno serbio que evitara el uso de armas sónicas o dispositivos similares para el control de multitudes.
Es el caso más reciente, pero en la hemeroteca se pueden encontrar referencias a otros usos controvertidos. En 2009, en Gran Bretaña, se instalaron hasta 3.000 pequeños dispositivos, llamados mosquitos, que emitían un pulso de entre 16 y 18,5 kilohercios durante varios minutos. Se trataba de un sonido irritante y agudo que solo podían oír niños y adolescentes y que se utilizaba para evitar que estos se congregaran fuera de comercios, escuelas o estaciones de tren, según informa The Guardian. «Una investigación del Consejo de Europa encontró que el controvertido dispositivo “mosquito” debería ser prohibido en Gran Bretaña de inmediato porque viola la legislación que prohíbe la tortura. Concluyó que «infligir dolor acústico a los jóvenes y tratarlos como si fueran aves o plagas no deseadas es dañino y altamente ofensivo»».
Maniobra de propaganda
No hay confirmación por parte del Pentágono de que se hayan utilizado dispositivos sonoros en la operación contra Maduro. Sin embargo, cuando se preguntó a la Casa Blanca por los detalles, la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, remitió a este testimonio como respuesta: «Deje de hacer lo que está haciendo y lea esto…», indicaba en su cuenta de X.
¿Es solo una maniobra propagandística? El almirante Juan Rodríguez Garat opina que «es verdad que se ha publicado en muchos medios, pero todos remiten al mismo relato, de la misma persona. En los asuntos militares, la propaganda obedece a los intereses de los organismos de defensa, a los que les interesa exagerar las capacidades propias o las incapacidades del enemigo. Hay mucho mito en todo lo relacionado con el sonido. Como puedes imaginar, hacer ruido es muy fácil y amplificarlo con un altavoz potente también está al alcance de cualquier potencia, pero el empleo de artefactos como estos lo hemos visto sobre todo en casos de policía antidisturbios. Es cierto que el ruido es una herramienta de trabajo en el ámbito militar desde siempre. Cuando yo era joven y hacíamos ejercicios para defender un buque, poníamos el sonar en marcha. Hacía un ruido enorme, bastante molesto, y disuadía de acercarse al barco. A raíz del caso del USS Cole, se utiliza en los buques sobre todo como aviso, pero no mucho más, porque el ruido es complicado de gestionar: es muy poco direccional. No estamos hablando de láser ni de microondas, de energía dirigida, sino de ruido. Cuando se genera, se expande en todas direcciones. Por mucho que se utilice una antena parabólica de cierto tamaño, como las de los barcos de guerra, el sonido se dispersa. Si quieres un ruido que afecte a una persona situada a 50 metros en una dirección, quien esté a cinco metros detrás del aparato también se verá afectado».
A falta de confirmación, algunos medios recuerdan el caso del llamado síndrome de La Habana y apuntan a un arma de energía dirigida, capaz de neutralizar objetivos mediante microondas o rayos láser. En 2016, varios funcionarios estadounidenses destinados en La Habana sufrieron «episodios de salud anómalos» que incluían vértigo, fuertes dolores de cabeza, dificultades de concentración y episodios de desorientación súbita. En los años siguientes se han reportado casos en todo el mundo. La dolencia, que aún hoy sigue siendo un misterio, afecta a espías, diplomáticos y tropas estadounidenses.
Energía dirigida
El láser empieza a dar sus primeros pasos en los conflictos armados. «Ya existen sistemas en las primeras fases de operatividad en EE UU, o Israel», comenta el almirante Garat, quien considera que el auge de los drones está impulsando esta tecnología. Sin embargo, «aún tienen muchas limitaciones, porque tiene un alcance muy corto».
Las armas de microondas también están empezando a acaparar titulares, aunque se encuentran «en una fase más embrionaria. Tiene la ventaja de que son más independiente de la meteorología –el láser no funciona en días de niebla–. Hoy en día, lo que realmente preocupa son los misiles hipersónicos de largo alcance, capaces de maniobrar a más de Mach 5 dentro de la atmósfera».