El escondite secreto de Ayuso: el pueblo abulense donde desconecta entre cocido, morcilla y la Sierra de Gredos
Isabel Díaz Ayuso ha hecho de la política su día a día, pero cuando llega el verano o un momento de respiro, tiene claro a dónde escapar: Sotillo de la Adrada, un pintoresco pueblo de Ávila con poco más de 5.000 habitantes. Lo que para muchos es un destino desconocido, para la presidenta madrileña es el rincón más especial de su vida privada.
Aunque nació en el madrileño barrio de Chamberí, Ayuso no olvida sus raíces paternas. “Me siento mitad madrileña, mitad abulense”, ha declarado en varias ocasiones. Fue precisamente en Sotillo donde dio sus primeros pasos como periodista, en la emisora local Onda Tiétar, y donde, según confiesa, vivió sus veranos más felices.
Sotillo de la Adrada es mucho más que un retiro rural. Situado en plena comarca del Valle del Tiétar, ofrece vistas privilegiadas a la Sierra de Gredos, microclima suave, bosques frondosos, senderos infinitos y una atmósfera que mezcla naturaleza y tradición. Para Ayuso, es el lugar perfecto para recargar energías lejos del ruido de la capital.
Quienes visitan este enclave pueden recorrer joyas del siglo XV como la Iglesia de la Santísima Trinidad, perderse en rutas de senderismo o descender en kayak por el río Tiétar. Pero también pueden saborear platos típicos como el cocido sotillano o la morcilla sotillana, un guiño gastronómico que la presidenta nunca olvida.
Durante los meses de verano y los carnavales —muy famosos en la zona—, es habitual verla pasear entre vecinos, con naturalidad, lejos del foco institucional. “He tenido la suerte de ser de clase media madrileña, con veranos en el pueblo”, confesó a Ana Rosa Quintana en televisión.
Para Ayuso, Sotillo de la Adrada no es solo un lugar. Es memoria, familia, origen y refugio. Un rincón de Castilla y León donde, sin cámaras ni discursos, vuelve a ser simplemente Isabel.