Crítica de 'La misteriosa mirada del flamenco: Mi querida familia queer ★★★
Principios de los 80, en un punto perdido del desierto chileno: Lidia, de 11 años, pertenece a una familia queer que malvive cerca de un polvoriento y prejuicioso pueblo minero. La madre de Lidia, Flamenco, que la adoptó el mismo día que abandonaron a la bebé, y sus «tías» bailan para los hombres, les cantan, se acuestan con ellos, incluso, alguna vez, se enamoran de ellos. Un error imperdonable casi siempre. Se las culpa de una terrible enfermedad que está empezando a propagarse como una plaga bíblica y que, dicen, se transmite a través de una sola mirada, la que le lanza un tipo cuando desea otro.
Sí, es cierto lo que advierte la publicidad de la cinta, el interesante, político, a veces excesivo filme con el que debuta Diego Céspedes parece un western moderno, aunque, a veces, también un melodrama almodovariano con algún pespunte fatalista de Lorca, cuya tragedia se materializa cuando Flamenco es asesinada y Lidia busca vengar su muerte mientras suena la arrolladora voz de Rocío Jurado poniendo verde al género masculino. Hay escenas potentes en la película (cuando deciden vendarle los ojos a «los maricones» para evitar que propaguen ese mal casi mitológico). Céspedes habla no solo o sobre todo de la aparición del sida en aquel país, sino de las víctimas inocentes, de las otras mártires, de intolerancia y del incombustible amor de una niña a la que no le importaban los excesos Flamenco, sino verla llorar.
Lo mejor: Es una opera prima valiente, arriesgada, que apuesta muy fuerte por su historia
Lo peor: Algún elemento fantástico parece no pegar mucho con el tono del filme