Convengamos que si estuviéramos un día completo en la cabeza de Donald Trump, desde que se lava los dientes hasta que besa la frente de Melania, no nos cabría aburrimiento alguno. Durante las horas que pase despierto tiene que ocuparse de Irán, Venezuela y Groenlandia, a parte de los asuntos domésticos, que siendo Estados Unidos lo grande que es no deben ser menudos. Debe decidir si ataca a Irán con sus propias armas, si ocupa por las bravas Groenlandia y qué hace con María Corina y con la encantadora Delcy que tan solícita ha resultado ser. Nada, decisiones como las de usted o las mías. Decisiones que deben ser, además, rápidas, aunque estratégicamente calibradas. Los tres escenarios son distintos pero...
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