La literatura y la vida corren de la mano. También en la obra de mayor ficción late la presencia del escritor, sus pensamientos, vivencias y emociones. Cuando la literatura se cruza con la vida , se abre un espacio en el que es posible transitar a hombros de las palabras, unas veces; a lomos de la experiencia real otras y, lo más prodigioso, en ambas al mismo tiempo, sin saber ni poder discernir dónde acaba una y empieza la siguiente. Con suerte, ese deambular deja huellas capaces de unir el territorio de la existencia y el de las palabras que la recrean, el de las evidencias y el de la imaginación desbordada. Todavía perduran las del «pequeño, peludo, suave» Platero...
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