Alcanzabilidad
Esa capacidad que tiene el inglés para la creación de neologismos pone en aprietos a más de un traductor, o un economista como yo. De ahí el título que horrorizará a mi maestra de primaria y a más de uno de mis lectores: la “alcanzabilidad” de las cosas esenciales, o affordability que llaman en el mundo anglosajón, se refiere a esta paradoja en donde la inflación parece baja, los salarios están subiendo (aunque lo hagan artificialmente, como ocurre en México), pero la vida está más cara, y no alcanza el ingreso.
The Economist hace unos días menciona un hecho documentado, con otro neologismo: la “encogeflación”, o shrinkflation. Se refiere, dice el semanario británico, por ejemplo, al crecimiento de la concavidad que hay en la parte baja del envase en donde nos venden los productos de consumo, que parece ser más cóncavo con cada año que pasa. De esa manera, las empresas reducen la cantidad, y mantienen costos y precios constantes. Los consumidores sentimos que la crema de cacahuate se acaba más rápido.
Mi último artículo del año pasado, fue sobre la inflación. En la mayor parte del mundo avanzado, y en economías de ingresos medios como la mexicana, la inflación permanece en niveles muy bajos. En Suiza la inflación es cero; en Francia 0.9 por ciento; en Italia 1.1, Dinamarca 2.1, Canadá 2.2, Alemania 2.3, Corea del Sur 2.4, y Polonia 2.7 todos ellos en por ciento. Empieza a volverse alta en los Estados Unidos: 2.7 por ciento. Japón tiene una inflación ligeramente superior a la de los Estados Unidos, en 2.9 por ciento. España 3, Australia 3.4, el Reino Unido 3.5, y México 3.8 por ciento. El único país avanzado que tiene un poco más de inflación que México es Austria, con 4 por ciento. Colombia trae un 5.3 por ciento de inflación, y Turquía un 31.1 por ciento.
En el artículo del 31 de diciembre, expliqué que la medición de la inflación en casi cualquier país es un promedio ponderado de los incrementos en precios de una canasta de bienes y servicios que se mantiene fija en el tiempo para efectos de comparabilidad. Dado que en la economía moderna las familias consumen cosas distintas a las de 1955, es posible que usted y yo tengamos una medición de nuestra inflación particular que esté por encima de la medición oficial, y también es posible que eso le ocurra a gente en todo el espectro de ingresos de la economía, desde los más pobres hasta los más ricos. Los gobiernos están midiendo el incremento en los precios de un conjunto de bienes que ya no son los esenciales para las familias.
Hace un par de meses leí una nota maravillosa en algún repositorio (blog; ¿cómo traduce uno eso?) de algún economista anglófono, pero no puedo acordarme de quién. Tiré mi celular al piso y finalmente lo rompí, y no había actualizado los respaldos del mismo. Pero, el autor hacía un argumento muy convincente: en los años 1950, en los Estados Unidos, usted necesitaba una línea telefónica para que su hogar participara en la economía y la sociedad, y eso costaba alrededor de 5 dólares mensuales. En el momento actual, el conjunto de bienes y servicios que se entregan a través de un teléfono móvil cuestan bastante más, alrededor de 120-150 dólares mensuales. Rehaciendo los números del doliente colega cuyo nombre se robó el señor Alzheimer, la inflación acumulada en los Estados Unidos desde 1955 hasta 2025 es alrededor de 1,110 por ciento. La inflación de ese servicio es 2,300 por ciento, suponiendo estadounidenses que pagan por su plan telefónico 120 USD. Eso es un poco más del doble de la inflación general. Pero, más allá: en un hogar de ese país en 1955 tenían una línea telefónica. Hoy, una familia de 4 personas probablemente tendrá 4 celulares, quizá más. Allá los “family plans” son muy baratos, pero aún así necesitas mucho más dinero hoy para que funcionen tus telecomunicaciones que en 1955.
Donald Trump, ese dueño de la verdad, ha dicho que la crisis de “alcanzabilidad” es un engaño de sus opositores políticos para desprestigiarlo. Donnie siempre piensa, de manera similar a un expresidente mexicano, que todo lo malo que pasa es porque sus opositores le tienen muina.
Al final, los países tendremos que medir los precios relativos, y el costo de oportunidad, no solamente la inflación. Valdría la pena hacer varias mediciones complementarias, que cubran sustituciones en la canasta, encogeflación y otros fenómenos. Los datos están ahí. Es solamente cuestión de que los economistas y los políticos nos pongamos de acuerdo, cosa que luego cuesta mucho trabajo.