Trump hace que crezca la ira
Durante el fin de semana, sábado y domingo, en cientos de ciudades grandes y pequeñas de Estados Unidos, desde Minneápolis hasta Nueva York, Los Ángeles y Chicago —organizadas por la Coalición Not Above the Law, Move On, la ACLU, Indivisible y otras— se realizaron manifestaciones multitudinarias como parte de la protesta nacional por el asesinato de la activista por los derechos de los inmigrantes, Renee Nicole Good, a manos del agente Jonathan Ross del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), en Mineápolis, donde previamente, en un despliegue inusitado, habían irrumpido 2 000 agentes federales para imponer la racista y xenófoba política migratoria del fascismo instaurado por el presidente Donald Trump en Estados Unidos.
Desde 2025 el «señor» de la Casa Blanca dio rienda suelta a los cuerpos represivos, especialmente el ICE, para perseguir y violentar a la población de inmigrantes y envió tropas de la Guardia Nacional federalizada a varias ciudades y estados con autoridades demócratas.
La siembra del terror ha sido en comunidades marginadas, sometidas a esa violencia desde 2025, cuando al menos 32 personas murieron bajo custodia del ICE, según denunció el Movimiento 50501.
El 2026 inició con las acciones intervencionistas exacerbadas, tanto hacia otras naciones soberanas como hacia su propia población.
Como escribió David Corn, de Mother Jones, el pasado jueves: «El asalto militar a Venezuela, el tiroteo de una mujer de Minneápolis a manos de un agente del ICE, el lanzamiento del nuevo sitio web revisionista de la Casa Blanca sobre el 6 de enero (el asalto al Capitolio de 2021 para impedir la presidencia de Joseph Biden), estos tres eventos transmiten un mensaje poderoso e inquietante de Donald Trump y su equipo: la violencia es nuestra para usarla, tanto en casa como en el extranjero, para conseguir lo que queremos».
A lo interno, esa violencia se ha multiplicado por parte de los cuerpos represivos federales.
Ese equipo de facinerosos que ha dado licencia para matar, como hizo el agente Ross, abriendo las compuertas a una ola de indignadas protestas que lleva como una de sus exigencias «ICE Out for Good», un juego bien serio de palabras con el apellido de Nicole y lo que las comunidades estadounidenses quieren: «ICE fuera por el bien». «Ice fuera para siempre»…
La ciudad de Chicago expresó su indignación por la alevosa muerte de Renee Nicole Good a manos de los agentes armados. Foto: Getty Images
Trump y su banda de nacionalistas blancos, millonarios en dólares y maldad y sin un centavo (Lincoln cent) de moral, han ido imponiendo el autoritarismo, pisoteando la democracia de la cual alardean, reprimiendo brutalmente a las comunidades, haciendo ripia del postulado que encabeza su Constitución: «Nosotros, el pueblo» y las libertades proclamadas, pero a diario vulneradas.
El domingo, en las redes sociales, se podía ver un video conmovedor, la llegada a Mineápolis de decenas de nativos americanos, los de verdad, a caballo y a pie, marchando al ritmo de tambores y cantos en su lengua natal, para unirse a las manifestaciones.
Este sentimiento de rechazo está tomando un cariz superior y está contribuyendo a una unidad de pueblos y son cada vez más los estadounidenses que quieren la abolición del ICE.
La encuestadora YouGov indagó el mismo día del asesinato de Nicole Good, el 8 de enero, incluso antes de que otros agentes del ICE hirieran a otras dos personas en Portland, y el resultado demuestra el estado de ánimo indignado de la opinión pública estadounidense: un 44 por ciento aprueba las recientes protestas contra el ICE, el 30 por ciento lo aprueba rotundamente.
Es evidente que la sociedad estadounidense está en un momento crítico, enfrentada a una situación desafiante y enfermiza.
El diario The New York Times citaba a un participante de la protesta en Mineápolis: «Parece que estamos llegando a un punto de inflexión. Estamos aquí para decir “al diablo con Trump”, abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, arrestar a Jonathan Ross, destituir a Kristi Noem (secretaria de Seguridad Nacional) y hacer justicia a cualquiera que haya sido agraviado».
Ciertamente, Trump y su gente están fuera de control y la ciudadanía se siente expuesta.
Por lo mismo, el sentido de que deben unirse para enfrentar los ataques de un Gobierno dispuesto a violar todas las normas, se vuelve en determinación.
No es momento de quedarse de brazos cruzados y están exigiendo que cesen los enormes presupuestos para las inhumanas redadas migratorias, o los multimillonarios despilfarros para el Pentágono, cuando en las comunidades perseguidas, donde vive el pueblo trabajador, lo que se necesita es una inversión responsable para la atención médica, vivienda, educación y alimentos.
Sin embargo, todo hace pensar que en la Casa Blanca de Donald Trump se ha entronizado un grupo de poder adicto a las riquezas naturales de otros y enviciados en sembrar el caos, el terror, las deportaciones masivas, los secuestros, la separación de familias, la violencia y la muerte.