Hace 66 millones de años, un asteroide de 11 km borró del mapa a los dinosaurios , señores absolutos de la Tierra durante más de 160 millones de años. Fue, desde luego, un apocalipsis de fuego y oscuridad. Pero al mismo tiempo, si esa catástrofe no se hubiera producido, nosotros, los mamíferos, que por aquel entonces no éramos más que pequeñas criaturas asustadizas y subterráneas, jamás habríamos tenido la oportunidad de crecer, de diversificarnos y, eventualmente, de desarrollar la inteligencia que permite que hoy podamos escribir (y leer) estas líneas. Los nichos ecológicos estaban ocupados; hizo falta que se vaciaran para que nosotros pudiéramos llenarlos. No fue la única vez que sucedió algo parecido, aunque sí la última. En cierto...
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