El nombre de la Avenida de los Descubrimientos nunca ha tenido más sentido que ahora. Puede dar fe el caminante: Un día descubres otra loseta levantada, el siguiente que hay patos en el estanque-aparcamiento que se forma con la lluvia frente al Consulado de Marruecos, otro de que la tapia del monasterio, en lo que fue la recreación de sus acequias, se ha convertido en orinal de urgencia de conductores… En definitiva, en esta avenida Sevilla puede descubrir su indolencia. Bienvenida sea su reforma. Todavía estamos a tiempo de recuperar los espacios de sombra y algunos iconos de aquel tiempo en el que caminamos felices por ella durante la Expo 92.