La Xabineta terminó su trayectoria
El fantasma del despido merodeaba por el Santiago Bernabéu mucho antes de que el 2025 llegara a su fin. Cada juego era un match-ball, cada noche una posible ultima cena. En algunas salía con algo más de vida. En otras con la soga al cuello. Y en Yiida, bajo el calor de Arabia, la era de Xabi Alonso llegó a su fin. No por haber perdido un nuevo titulo ante el Barcelona, sino porque esta nueva derrota es la última gota que desborda una copa que no aguantaba más.
Pudo haber sido el alicaído Liverpool, el City de Guardiola, el Atlético de Madrid o algún club de media tabla española que le sacara un susto. Porque el Real Madrid llevaba una racha donde vivían anclados a los goles de Mbappé y la inercia de un equipo sin garra, sin rock ni roll, y lo peor, sin respeto al técnico que estaba sentado en su banquillo. Porque Xabi Alonso perdió lo más importante: el control de un vestuario que desobedecía las indicaciones y hacía primar la anarquía por delante de lo colectivo.
Muchos son los factores que condicionaron el precipitado fin de Xabi Alonso. En primer lugar lo poco competitivo que era el Real Madrid contra equipos tops en España y Europa. Solamente en el clásico de liga contra el Barcelona, en la Supercopa local contra el Atlético de Madrid y en Champions ante la Juventus lograron sacar victorias, con el factor común de acabar pidiendo la hora en los tres compromisos. En el resto de grandes noches europeas e ibéricas fueron inferiores: el Cholo los masacró en el Civitas, Liverpool y Manchester City amargaron su periplo continental, y recordar que el PSG pinchó la primera rueda de la Xabineta en el verano norteamericano con un 4-0 que mostró la disparidad en cuanto a nivel de proyectos existentes. Solo seis derrotas, pero seis derrotas que valen por muchos más éxitos.
En segundo lugar, Alonso no logró sacar la mejor versión de sus jugadores, convirtiendo a la gran mayoría en peones de una mala partida de ajedrez, o incluso que cayeran en picada en comparación con rendimientos a inicios de contienda. Vinicius es la punta de este iceberg, un hombre que en menos de año y medio pasó de candidato a balón de oro a protagonista de un culebrón sin fin por mal rendimiento, avalado por una horrible racha de 16 partidos sin marcar gol. En el resto del trozo de hielo, el bajón de rendimiento de Jude Bellingham, Fede Valverde, Raúl Asencio, Dean Huijsen o Eduardo Camavinga, unido a la confianza excesiva con pocos resultados en Franco Mastuantono o Arda Guler, este último dueño de un ilusionante comienzo pero un desastroso presente. Solo Kylian Mbappé con sus incontables goles y Thibaut Courtois con sus atajadas de siempre se salvan de esta ecuación, junto a otros que las lesiones o el poco juego marcaron sus últimos meses.
Por último, pero no menos importante, está el factor de las sensaciones vistas en el terreno de juego. Si bien los primeros meses arrojaron al optimismo, los últimos días dejan una imagen gris de un equipo que deambulaba por el campo sin ideas ni esperanzas, anclados al talento individual por encima del juego colectivo, provocando sonoras pitadas en el Bernabéu semana si y semana también. Poca presión ofensiva, huecos innecesarios en defensa, un equipo poco trabajado y que a partir de un momento dado dejó de obedecer la idea de su entrenador para volcarse al reino de lo inesperado, de equipo pequeño, del pelotazo y el autobús en defensa. El Clásico de Supercopa Española fue el último clavo de su ataúd, cuando un planteamiento netamente defensivo terminó volviéndose un boomerang mortal.
No toda la culpa recae en Xabi Alonso. Él es solo una pieza más de un rompecabezas que no acaba de encontrar solución. La planificación de la temporada sigue dejando mucho que desear, pues a pesar de fuertes inversiones sigue teniendo el plantel blanco grandes carencias en puestos claves, y el tolorrasa no tiene una vara mágica para solucionar esos problemas. Junto a esto, las lesiones han afectado como nunca a la plantilla, obligando un año más a tomar la improvisación como bandera, y colocar jugadores fuera de su posición natural tratando de tapar huecos imposibles. Puede llegar el mejor entrenador de la galaxia, que mientras no se completen los espacios vacíos y lleguen jugadores top mundial en posiciones claves, la vida seguirá igual en Chamartín.
A partir de ahora, y hasta que aguante la presión, Álvaro Arbeloa dejará el filial y se hará cargo del primer equipo. La experiencia que posee en la élite es nula, aunque el precedente de Zinedine Zidane empuja al optimismo. Pero una cosa es con guitarra y otra con violín, y no es lo mismo un defensa cumplidor y jugador ocasional en su país que uno de los mejores jugadores de la historia del futbol. El tiempo dirá si Arbeloa puede convertir a esta plantilla en ganadora. Mientras, las luces de alerta siguen encendidas en Valdebebas, y el trayecto de la Xabineta llegó a su final demasiado rápido.