La caídaEn Roma, el día de San Esteban, después de un agradable paseo hasta la piazza del Popolo y una visita a la Villa Borghese, ya de vuelta en el apartamento, sufrí una caída.Sentado a la mesa del comedor de Isabella, con mi iPad delante, acababa de ver a Mo Salah marcar un gol contra el Aston Villa. Estaba tomando una cerveza cuando sentí un mareo.Me incliné hacia delante hasta que la cabeza me quedó entre las piernas; recuperé la conciencia unos minutos después, rodeado de un charco de sangre, con el cuello torcido en una postura grotesca e Isabella arrodillada junto a mí. De pronto vi lo que solo puede describirse como un objeto cóncavo, semicircular y con garras moviéndose hacia mí. Recurriendo a la escasa lucidez que me quedaba, descubrí que era una de mis manos, una cosa extraña sobre la que ya no tenía control. Deduje que no existía ninguna clase de coordinación entre mi cerebro y el resto de mi cuerpo. Me había disociado de mí mismo. Creí que me estaba muriendo, que me quedaban solo unos segundos de vida. Era una manera penosa y miserable de marcharse de este mundo. Hay quien dice que cuando estás a punto de morir te pasa ante los ojos tu vida entera, pero en mi caso no estaba pensando en el pasado sino en el futuro: en todo lo que me iba a perder, en todo lo que me quedaba por hacer.Hospital Gemelli, RomaIsabella y yo vivimos en Londres, pero pasábamos las Navidades en su apartamento de Roma, y fue allí donde me desplomé, sentado a la gran mesa redonda cubierta de libros y papeles en la que ella y yo trabajábamos juntos por las mañanas.Oyó mi grito de desesperación desde el lavabo, entró y llamó a una ambulancia. Me salvó la vida y, arrodillada a mi lado, consiguió que yo mantuviera la calma. Le dije que quería despedirme de mis tres hijos por FaceTime, pero a Isabella no le pareció buena idea porque se asustarían y quedarían consternados.Pasé varios días profundamente traumatizado, muy alterado e incapaz de reconocerme a mí mismo.Ahora estoy en el hospital Gemelli de Roma. No puedo mover ni los brazos ni las piernas. No soy capaz de rascarme la nariz, llamar por teléfono o comer sin ayuda. Como podéis imaginaros, es al mismo tiempo humillante y degradante, y me convierte en una carga para los demás. Según el informe del hospital, debido a la caída sufrí una hiperextensión del cuello y una tetraplejía inmediata. Una tomografía evidenció una severa estenosis del canal espinal, con signos de lesión medular desde la vértebra cervical C3 a la C5. Simplificando, las vértebras de la parte superior de mi columna sufrieron una especie de latigazo cervical. Me han operado del cuello para aliviar la compresión en la parte de la columna vertebral donde está la lesión, y desde entonces he notado una leve mejoría motora.Tengo sensibilidad y algo de movilidad en todas las extremidades, no sufrí lo que llaman una “fractura total”. Empezaré a acudir a fisioterapia y rehabilitación lo antes posible.Por ahora no está claro si podré volver a caminar, o si seré capaz de sujetar un bolígrafo. Estoy registrando estas palabras a través de Isabella, que las va tecleando poco a poco en su iPad. Estoy decidido a seguir escribiendo, nunca ha sido tan importante para mí como ahora.06/01/2023[…]Desde que me convertí en un vegetal, estoy ocupado como nunca en mi vida. Anoche, alrededor de las nueve, vi unos minutos de una película, que disfruté. Después perdí el hilo y todo quedó a oscuras.Dormí un rato, me desperté a la una de la madrugada y pasé el resto de la noche en vela. Me vinieron a la cabeza un montón de ideas, pero como no puedo utilizar las manos para tomar notas, tuve que memorizarlas hasta el día siguiente, cuando se las pude dictar por teléfono a Carlo.Así es como escribo estos días: lanzo la red sobre ideas más o menos azarosas y la recojo con la esperanza de que aparezca algún tipo de patrón.Esta mañana han aparecido en mi habitación tres bellísimas fisioterapeutas italianas. Llevaban uniformes blancos impolutos con un ribete naranja. Me han colocado en un arnés de plástico azul, me han izado y me han depositado en una silla de ruedas. Al girarla, por primera vez he podido ver el otro lado de mi habitación. He visto el cielo italiano a través de la ventana, unos cuantos árboles, una nube y unos pájaros. He tenido la sensación de que las cosas empezaban a mejorar.10/01/2023[…]Hospital Ortopédico Royal National StanmorePaki, escritor, lisiado: ¿quién soy ahora? Las preguntas sobre la identidad se cuentan entre las más importantes y enrevesadas de nuestros días. A algunos les horroriza que nuestra sociedad se esté dividiendo en pequeñas tribus en las que personas con unas pocas características en común crean unidades identitarias. En realidad, no es tan extraño, sobre todo en una cultura tan atomizada y acelerada como la nuestra. Nos gusta rodearnos de personas como nosotros. Es una medida defensiva y también de autoafirmación.La primera vez que fui consciente de que tenía una identidad, y de que esta podía serme útil, fue cuando en mi adolescencia decidí que quería ser escritor. Empecé a llamarme a mí mismo, mentalmente, escritor. Nadie más sabía que lo era, porque había escrito muy poco y nadie me había leído. Pero la idea de que podía ponerme esa identidad como si fuera ropa nueva, un traje o una armadura, me fue de gran ayuda. De niño y de adolescente sufrí acoso racista. A veces, en la calle o en el colegio, me llamaban paki. Definirme a mí mismo como escritor fue una autodenominación protectora. Si todavía no lo era, acabaría alcanzando ese estatus; representaba una ambición, un deseode futuro, y no sería yo la primera persona que se ponía un nombre mucho antes de estar listo para ostentarlo. Entiendo perfectamente ese uso de las palabras.Me paseaba por la ciudad probando frases como: “Te presento a Hanif Kureishi, es escritor”, o “Este es Hanif Kureishi, ¿has leído sus libros?”. Me gustaba cómo sonaba. Desde entonces, no he dejado nunca de ser escritor, y nunca me ha disgustado considerarme como tal. Me ha abierto puertas. Pero desde el accidente, he pasado a ser más un paciente que un escritor. Soy un paciente el día entero, un cuerpo más o menos anónimo para los enfermeros que cuidan de mí. Siento cómo mi identidad se diluye, como si fuera olvidando quién soy y convirtiéndome en otra persona o en prácticamente nada. Jamás pensé que me arrebatarían mi identidad o que sería sustituida por otra.Tengo la sensación de que mi imaginación está silenciada. He perdido un poco de chispa. Mis actuales circunstancias son tan extrañas que no logro saber quién soy. No puedo escribir ficciones, cuentos, películas o novelas, porque mi estado físico requiere de toda mi atención y me parece imposible habitar otros mundos.28/10/2023[…]Por extraño que parezca, a pesar de mi miserable situación, no he perdido el sentido del humor. Me visita en la habitación un psiquiatra muy serio del NHS (me pregunto si alguna vez ha existido un psiquiatra con sentido del humor). Por divertirme, intento hacerle reír, para comprobar si puedo penetrar su capa de profesionalidad. Él se mantiene muy serio y disfruta comunicándome que estoy clínicamente deprimido. La única solución que me da, supongo que la misma que aplica a otros pacientes, es prescribirme más antidepresivos. Supongo que eso le hará sentirse menos inútil.Comprendo mientras hablamos que los psiquiatras no son psicoterapeutas; no están interesados en escuchar y diagnostican muy rápido, como si fuera lo único que les importase. No parecen interesados en saber más sobre lo que le sucede al paciente. Eso es lo que me fastidia. Pero a pesar de todo, el psiquiatra sigue visitándome y he acabado analizando sus sueños. Como estaba perplejo por la cantidad de veces que sueña con Donald Trump, me he visto impelido a informarle de que envidia la brutalidad y la libertad de hacer o decir lo que le da la gana de Trump.A veces intento hacer lo mismo con los médicos, despojarlos de la coraza del papel que interpretan para ver si debajo hay algo más blando, algo que me permita descubrir si son algo más que una enciclopedia médica parlante.Freud escribió un libro entero sobre los chistes en el que no aparecen muchos chistes, y los que incluye no son muy graciosos. Reconocía que en el humor, como en la sexualidad, es donde nos pueden pillar por sorpresa y donde el inconsciente queda expuesto. El inconsciente no está a gran profundidad, es más bien algo sutilmente oculto a la vista que puede liberarse con las llaves del humor o el deseo, que obviamente están muy conectados. El ingenio es la brillante expresión de una verdad, un modo deexponer algo de forma concisa y efectiva, haciendo que el mundo parezca un lugar mejor. Después de todo, la mayor parte del entretenimiento que consumimos en películas, televisión o literatura y a través de las redes sociales es comedia de uno u otro tipo. Somos animales en busca de una carcajada.11/11/2023[…]Ojalá nada en mi mundo hubiera cambiado. Pero ha habido también alteraciones interesantes. Una de ellas, la relación con las mujeres de mi vida, que han cuidado de mí de un modo más íntimo y amplio.Después del accidente, tanto en Roma como en los dos hospitales londinenses, detestaba estar solo y he tenido un montón de visitas: familiares, amigos, conocidos y personas con las que había trabajado. Algunas relaciones tomaron caminos que jamás habría imaginado a medida que yo expresaba mi necesidad de ternura y amistad. Samreen sigue viniendo al menos una vez por semana, pese a que tiene su propia familia, me trae comida y me masajea las manos; pasamos horas juntos, hablando de política, sueños, escuelas, Shakespeare y cualquier otra cosa que se nos pase por la cabeza. Somos amigos desde hace años, y en su día fui su profesor de escritura, pero hasta ahora solo nos veíamos de tanto en tanto, para ponernos al día de nuestras vidas. Ahora que necesito mucho más de ella, igual que de otras personas, lo he recibido con creces.[…]Es interesante lo que mi lesión ha despertado, lo que ha representado, en los demás. Me pregunto quién soy para ellos, qué significo, pero puede que nunca llegue a saberlo, o que tampoco ellos lo tengan claro. Una situación como la mía, en la que la vulnerabilidad es tan evidente, sin duda despierta algún tipo de sentimientos en los demás, y he podido comprobar que se han volcado conmigo. Sin embargo, esto a veces me inquieta, porque me pregunto si yo sería capaz de hacer lo mismo por otras personas. No estoy seguro, lo dudo, pero no lo sé. Obviamente, ahora mi percepción de la enfermedad ha cambiado. Ya no la veo como una intrusión, sino como parte inevitable y esencial de la vida, sobre todo porque ahora vivimos más años.16/12/2023AQ / MCB