La advertencia definitiva de Putin a Occidente: un misil imparable que viaja 10 veces más rápido que el sonido
Rusia ha puesto a prueba sobre el terreno ucraniano una nueva y temible arma experimental, un movimiento que eleva la tensión en el conflicto y confirma el uso de su tecnología militar más avanzada. Se trata del misil balístico hipersónico de alcance intermedio 9M729, bautizado por el Kremlin como Oreshnik, con el que ya se han ejecutado ataques de precisión en al menos dos ocasiones.
De hecho, este despliegue supone un salto cualitativo en la escalada armamentística de Moscú, que ha dirigido esta nueva arma contra las ciudades de Dnipro y Leópolis. El uso del Oreshnik en un conflicto activo no solo sirve como prueba en condiciones reales de combate, sino también como una clara advertencia a Occidente sobre las capacidades estratégicas que el ejército ruso es capaz de movilizar.
En este sentido, las especificaciones técnicas del Oreshnik lo sitúan en una categoría armamentística superior. Con un rango de acción que oscila entre los 3.000 y los 5.500 kilómetros, este misil puede alcanzar una velocidad de 12.300 kilómetros por hora, lo que equivale a superar en diez veces la velocidad del sonido. Además, su diseño le permite transportar tanto ojivas convencionales como cabezas nucleares, confiriéndole una doble capacidad de amenaza estratégica.
La inteligencia occidental rebaja la amenaza inmediata
Por otro lado, su interceptación se considera un desafío casi insuperable para las actuales defensas antiaéreas. La combinación de su vertiginosa velocidad, una compleja trayectoria de vuelo semiorbital y, sobre todo, su cabeza armada, lo convierten en un arma formidable. El misil está equipado con seis ojivas de reentrada múltiple, capaces de dirigirse a objetivos independientes, lo que complica enormemente cualquier intento de neutralización. A esta dificultad se suma su sistema de lanzamiento desde un vehículo móvil, que le otorga una alta flexibilidad operativa y dificulta su localización previa al disparo.
Sin embargo, informes procedentes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos matizan el alcance real de esta amenaza. Fuentes de Washington creen que, por el momento, Rusia solo posee una pequeña cantidad de estos misiles experimentales. En la misma línea, el Ministerio de Defensa británico sostiene que el Oreshnik aún no ha entrado en producción en serie, lo que limitaría su uso a demostraciones de fuerza puntuales o a pruebas operativas, más que a un despliegue masivo y sostenido en el frente ucraniano.