La inesperada inspiración real detrás de la nueva película gallega de Daniel Sánchez Arévalo
Una comunidad que resiste a través de la música
La película Rondallas marca el regreso de Daniel Sánchez Arévalo al género coral que domina con maestría. Esta vez, se sumerge en las tradiciones gallegas para contar cómo un pueblo costero golpeado por una tragedia marítima reconstruye su identidad mediante la música folclórica. El film combina humor, emoción y un fuerte trasfondo social, sin caer en el dramatismo excesivo.
La chispa creativa partió de un vídeo en internet protagonizado por la rondalla de Santa Eulalia de Mos. El grupo versionaba Thunderstruck de AC/DC en clave gallega, despertando en el cineasta una intensa reacción emocional. Intrigado, visitó el grupo y descubrió un entorno de convivencia intergeneracional que lo conquistó por completo.
Una Galicia real y sin artificios
Con el respaldo del productor Ramón Campos, Sánchez Arévalo decidió rodar íntegramente en Galicia. Optó por un enfoque hiperrealista: el 80% del equipo técnico es gallego, y también lo es la totalidad principal del reparto. Incluso se contó con una asesora lingüística para homogeneizar acentos y rodar en ubicaciones genuinas como la lonja, con percebeiras reales.
La cinta retrata una región marcada por el desempleo, la dependencia del mar y las pérdidas humanas. Frente a ese contexto, el director subraya la capacidad de la sociedad española para unirse en los momentos críticos: “Cuando hay tragedias, el pueblo se solidariza, se olvida de las diferencias”, afirma.
Reparto coral y autenticidad sonora
Judith Fernández y Fer Fraga debutan en la pantalla grande junto a nombres consolidados como Javier Gutiérrez, María Vázquez y Tamar Novas. Todos participaron en largos ensayos con rondallas reales para lograr una integración natural. “Quería que se mimetizaran actores y músicos”, explica el director, destacando esta experiencia como la más gratificante de su carrera.
La película opta por sonido directo en todas las actuaciones musicales, renunciando al doblaje. Esto refuerza la autenticidad y otorga a algunas escenas un carácter casi documental. El rodaje del concurso final, filmado en el IFEVI, es un ejemplo de esa apuesta por lo real.
Una oda a lo colectivo en tiempos de división
Sánchez Arévalo, reconocido por su sensibilidad con los relatos humanos, logra con Rondallas una obra que trasciende lo local. La película no solo celebra la música o las tradiciones gallegas, sino que propone una reflexión sobre el valor de la unidad frente a la polarización política y social.
Con esta historia, el director reivindica el cine popular sin prejuicios: emocional, cercano y profundamente humano. Y lo hace sin artificios, con los pies en la tierra, enraizado en una comunidad que canta para curar sus heridas.
Una apuesta por el cine que emociona sin manipular
El compromiso de Rondallas con la verdad es total. Cada elección estética y narrativa está pensada para reflejar la dignidad del pueblo gallego, su lucha y su capacidad de reconstrucción. En tiempos en que los discursos tienden a la confrontación, la película ofrece una alternativa basada en el entendimiento mutuo y la solidaridad real.
Más allá del argumento, Rondallas es un testimonio del poder de la cultura popular como vehículo de cohesión. Una historia donde la música no es solo banda sonora, sino lenguaje común. En definitiva, una obra que conecta con el espectador desde la emoción, sin artificios ni imposturas.
Más información sobre la cultura gallega puede consultarse en el sitio de la Xunta de Galicia.