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Girona ha recuperado el aire después de más de cuatro meses de asfixia. Salir del descenso tras 133 días supone un alivio evidente en
Montilivi, una liberación contenida que no se celebra con euforia, pero sí con la sensación de haber cruzado una frontera psicológica importante. Las dos últimas victorias lejos de casa han sido determinantes: seis puntos que han permitido al equipo abandonar los tres últimos puestos y mirar la clasificación con algo más de serenidad.
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