Seguí el pasado lunes la cabalgata de los Reyes Magos de Madrid. Estaba dedicada, dicen, al «saber compartido». Y es que todos los años se dedica la cabalgata a los asuntos más variados, y desfilan saltimbanquis, bailarines, danzantes, acróbatas, muñecos y autómatas de todo tipo, acompañando vistosas y variadas carrozas que nada tienen que ver con los Reyes Magos ¿Será posible que algún año la cabalgata esté dedicada a la historia de esos Reyes Magos? Creo que lo lógico sería que en las carrozas de la cabalgata de Reyes se vieran escenas que ilustran la historia de esos Reyes, íntima e indisolublemente unida al nacimiento del Niño Dios. Podrían representarse escenas tales como la anunciación a María, la visitación a santa Isabel, la anunciación a los pastores, la llegada de éstos al portal, la estrella guiando a los Magos o entregando sus regalos, en memoria de lo cual cada 6 de enero entregan también sus regalos a los niños españoles. Sin esa historia los Reyes Magos no existirían. ¿Por qué los organizadores de la cabalgata no quieren enseñar a los niños toda esa maravillosa historia, quiénes eran los Reyes Magos, por qué y para qué aparecieron en la historia, por qué les traen ahora sus regalos? ¿Les da vergüenza hacerlo? ¿Temen herir 'sensibilidades'? ¿Temen no ser políticamente correctos? Menos mal que, en medio de todo ese sinsentido, en esa cabalgata laica iba también orgullosa la carroza del Arzobispado, con su portal de Belén, recordando así su auténtico motivo. Carlos Sánchez de Roda. Pozuelo de Alarcón (Madrid) La intervención militar en Venezuela, culminada con la captura de Nicolás Maduro, obliga a reflexionar sobre el estado actual del Derecho Internacional Público. Esta reflexión resulta especialmente significativa este año, cuando se cumplen 500 años de la llegada de Francisco de Vitoria a la Universidad de Salamanca, origen intelectual del derecho de gentes y del principio de no intervención. La comparación con la Transición española es reveladora: entre 1975 y 1977, España logró transformar su sistema mediante un proceso pacífico y jurídicamente ordenado. La Ley para la Reforma Política, inspirada por Torcuato Fernández-Miranda, permitió pasar «de la ley a la ley a través de la ley», integrando cambio político, consenso y legalidad. Incluso la política exterior estadounidense de entonces actuó dentro de márgenes diplomáticos. La invitación de Kissinger a Don Juan Carlos en 1975 respondió a intereses geopolíticos, pero respetó la soberanía española. Es comprensible que la caída de un régimen autoritario genere satisfacción entre los demócratas. Sin embargo, esa legítima alegría no puede ocultar una realidad preocupante: cuando el cambio se impone mediante la fuerza y sin mandato internacional, asistimos a una nueva derrota del Derecho Internacional. Sacrificar la legalidad en nombre de la democracia debilita a ambas. J. Fernando G. Cumbreras. Sevilla