El corazón late al ritmo al que se mueve un chupete en los labios. La sangre fluye al son del contoneo travieso de los globos. Se ve un ejército de cabezas chicas, rizos desordenados, mofletes temblones y llenos de churretes. Ya llegó la emboscada al cielo tangible de tu ser. Ya madrugó la puñalada para que los niños tomen el poder. Qué tendrá esta jornada, querida duquesa del placer, que has vuelto a echar a patadas a todos a los que el mal les parece bien. Qué hacemos, niña de las mil respuestas, si nos tocas siempre en el cachito de roscón de nube que desayunamos, si cada cinco de enero consigues que seamos uno. Porque esto no es de...
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