Una Pascua Militar en un escenario global cada vez más inestable
Instaurada en 1782 por el entonces Rey Carlos III tras su victoria contra los británicos en la isla de Menorca, la Pascua Militar es, desde entonces, un acto relevante para el conjunto de las autoridades militares y civiles de España.
Celebrada en el Palacio Real de Oriente, el evento reúne a los máximos responsables y abre de forma oficial el año militar para el conjunto de las Fuerzas Armadas.
Aparte de los looks de la Familia Real representada por Felipe VI, Letizia y la Princesa Leonor y de los comentarios hacia los políticos asistentes, 2026 empieza con una España que navega en aguas picadas por el inestable panorama internacional.
Llevamos apenas seis días de este nuevo año, pero algunos ya se atreven a decir que será un ejercicio intenso a causa de la política internacional. Sin ir muy lejos, la operación relámpago llevada a cabo por fuerzas especiales en la que Estados Unidos capturó a Maduro. A partir de ese instante, las declaraciones del mandatario norteamericano, Donald Trump, se han recrudecido, ha amenazado a otros países vecinos y también a la Unión Europea, a quien exige la entrega de Groenlandia para mejorar la seguridad nacional de su país. Según el presidente republicano, las aguas de esta región están repletas «buques chinos y rusos».
Ante los recientes acontecimientos, a los que suma la continuación de la guerra en Ucrania, los bombardeos israelís en Palestina y las masacres perpetradas por grupos terroristas en África, España entra el 2026 en una situación cuando menos compleja para los propósitos hispanos. Por el momento, la única declaración después de los sucesos a comienzos de año ha sido un mensaje publicado por el presidente Pedro Sánchez en su perfil oficial de X (Twitter): «España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional». Esta opinión, que es la línea política del Gobierno actual, no ha dejado indiferente a nadie. En realidad, Sánchez ha sido el único líder europeo que ha «criticado» la operación y ataque estadounidense en Caracas.
Si hay una cuestión que necesita ser estudiada a fondo después de la Pascua Militar es la posición y relación de Estados Unidos para con la UE y por supuesto con España. Desde hace décadas el país y su brazo en la OTAN se convirtieron en el paraguas defensivo de Europa. No obstante, tras la llegada de Donald Trump esta política ha entrado en barrena. El republicano ha pedido que los europeos sean sus propios defensores gracias al armamento y sistemas que adquieran de la industria estadounidense. Una propuesta redonda para la república norteamericana, ya que ahorra costes de sus despliegues en el Viejo Continente, pero a la vez pretende que sus aliados inviertan en sus empresas.
Dentro de esta dinámica, España ha tenido una actitud de «quiero y no puedo». El año pasado y ante las reiteradas exigencias de Estados Unidos-OTAN de incrementar el gasto en defensa a un 5 %, el Gobierno se opuso para luego aceptarlo. En los últimos meses el país ibérico ha regado con millones a su industria militar para adecuarse a ese gasto. Sin embargo, de cara a la galería se ha pretendido dar la imagen de que existe un pulso entre la administración Trump y la de Sánchez por estas exigencias. Como en el acto organizado en Egipto el pasado mes de octubre donde un apretón de manos entre los dos presidentes dio mucho de qué hablar.
Si algo se ha dilucidado a lo largo del año anterior ha sido que Estados Unidos está dejando (o ya ha dejado de serlo) un aliado fiable para la UE y España. Las múltiples solicitudes y amenazas a la comunidad económica son reiteradas. Así mismo, lo anterior no quita que Europa dependa de ese paraguas estadounidense para su defensa. Por tanto, y en lo que tiene que ver con España, la celebración de la Pascua Militar debe servir como pretexto para exponer un escenario cada vez más complicado donde la única alternativa coherente, factible y real es la de levantar una seguridad nacional española independiente, pero en estrecha colaboración con sus socios europeos, que deberán ponerse de acuerdo en los pormenores, si es que se lleva a cabo algo así.
En el solemne acto castrensese de hoy se realiza un balance de las vicisitudes del año anterior y se marcan las líneas de acción que se desarrollarán en el siguiente. Además, se imponen condecoraciones militares a aquellos civiles y miembros de las Fuerzas Armadas que se han hecho acreedores de ellas durante el año vencido.