La violencia espolea la revuelta en el sexto día de protestas contra el régimen iraní
¿Ha llegado el principio del fin del régimen de los mulás? Es la pregunta que se hacen a esta hora los más de 92 millones de habitantes de Irán, sus cientos de miles de exiliados y las cancillerías regionales y extranjeras después de seis jornadas consecutivas de protestas. La respuesta violenta de las autoridades de la República Islámica contra quienes se han echado a la calle en Teherán y otras ciudades iraníes para mostrar su descontento por el deterioro de las condiciones materiales -agravada con caídas históricas de la moneda nacional, el rial, la crisis energética o la escasez de agua- ha dejado ya al menos siete muertos, entre ellos un agente de las fuerzas de seguridad, y decenas de detenidos y heridos. Lejos de haberla contenido y a pesar de las llamadas al diálogo del gobierno de Pezeshkián, la protesta gana alcance con el paso de las horas.
En el sexto día de protestas -que comenzaron un grupo de comerciantes del Gran Bazar de Teherán, quienes cerraron sus tiendas masivamente en protesta contra la devaluación del rial, la inflación y la mala gestión gubernamental-, los manifestantes en Zahedán y resto de la provincia de Sistán y Baluchistán corearon eslóganes dirigidos al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei: "Muerte al dictador", "muerte a Jamenei" o "Jamenei, ten vergüenza y vete del país". Los asistentes a los funerales celebrados por dos de los manifestantes muertos en las ciudades de Marvdasht y Kuhdasht repitieron un mismo eslogan: "Es la batalla final, Pahlavi volverá".
No en vano, el hijo del último sah de Persia, Reza Pahlavi, está siendo, desde su exilio londinense, uno de los protagonistas de lo que está ocurriendo en Irán merced a su apoyo a la protesta. "Estáis haciendo historia, una historia escrita con la valentía, solidaridad y determinación de una nación que reclama su país. Aquellos que han sido asesinados por este régimen en los dos últimos días son verdaderos héroes de esta tierra", escribía en X. "Llamo a todos los compatriotas a que honren a cada héroe de este levantamiento nacional no solo en sus ciudades y regiones sino en todo Irán y el mundo, (...) y continuaremos hasta el día que Irán sea libre. Permaneced unidos y concentrados en la meta. La victoria será nuestra", concluía su mensaje al pueblo iraní.
Aún es pronto para predecir si la protesta puede comprometer el futuro del régimen nacido en 1979, que salió airoso de las registradas en 2019, 2022 y 2023. La caída del nivel adquisitivo de millones de ciudadanos iraníes se produce en pleno aumento de las sanciones económicas de Estados Unidos. En los últimos días Trump volvió a advertir al Gobierno iraní de intentar desarrollar de nuevo su programa nuclear bajo pena de posibles nuevos bombardeos como los que llevó a cabo en junio pasado junto a Israel. La ofensiva acabó con la élite científica y militar del régimen -un millar de personas perdieron la vida-, además de procurar serios daños en la infraestructura nuclear de la República Islámica.
Estados Unidos, al rescate
No en vano, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha entrado en escena para asegurar que acudirá al rescate de la población iraní si las fuerzas policiales del régimen siguen empleando la violencia contra quienes han salido a protestar. "Si Irán dispara y asesina violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos acudirá a su rescate", escribía el inquilino de la Casa Blanca en Truth Social, su personal altavoz en redes sociales, desde donde ha advertido de que están "listos y preparados para actuar".
La respuesta del régimen al mandatario estadounidense no tardaba en producirse. Fue el asesor principal del ayatolá Jamenei y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Lariyani, quien advertía de que una eventual intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos de Irán "desestabilizaría a toda la región", además de poner en riesgo los propios intereses de Washington.
En un mensaje en su cuenta de X reaccionando a la publicación de Trump, Lariyani pedía distinguir entre "la postura de los comerciantes que protestan de las acciones de elementos disruptivos", entre ellos el jefe de la Casa Blanca, a quien responsabiliza de posibles nuevas escaladas. "El pueblo estadounidense debe saber que Trump inició esta aventura y debería prestar atención a la seguridad de sus soldados", zanjaba.
Problemas estructurales
Lejos de responder únicamente a problemas coyunturales, las protestas son el reflejo de un sentir profundo vinculado a problemas estructurales. "Las autoridades controlan los recursos y, debido al impacto de las sanciones, los distribuyen de manera desigual, beneficiando a una minoría y dejando de lado a la mayoría de la población. Jamenei ha construido lealtades sobre la base del reparto de rentas para sostener su poder. Siguiendo la lógica de la supervivencia en el poder, la gestión económica de la República Islámica resulta ineficiente y, combinada con las sanciones, perjudica principalmente a la población", explica a LA RAZÓN el analista político hispano-iraní Daniel Bashandeh.
En especialista en temas iraníes, defiende que "la República Islámica representa a una minoría frente a una mayoría que reclama un cambio; sin embargo, en ausencia de una oposición organizada, el desenlace dependerá de la duración de las huelgas y los parones económicos, así como del grado de represión. A ello se suma un contexto de amenaza constante por parte de Israel y Estados Unidos, que sitúa a la República Islámica en una posición de creciente vulnerabilidad". Respecto de la amenaza de Trump a las autoridades iraníes, Bashandeh considera que "serán una excusa para que el régimen cierre filas internas y apueste por la cohesión". "Sus declaraciones serán utilizadas por parte de las autoridades como una nueva injerencia externa para deslegitimar las protestas y enmarcarlas en una confrontación con EE UU e Israel", concluye.