Larga vida al motor de combustión
A Pedro Sánchez casi le da un «shock» esta semana tras conocer que la Unión Europea ha decidido posponer los planes sobre los vehículos eléctricos postergando la retirada del motor de combustión. El presidente español lo ve todo con tintes dramáticos, en sintonía con su catastrofismo climático. La realidad es que en Europa se han dado cuenta de que los nuevos carburantes sintéticos, como los que comercializa ya Repsol, son renovables y permiten mantener una tecnología en la que el Viejo Continente es puntero, sobre todo Alemania, Italia y Francia. Renunciar a esta tecnología significa colocarnos detrás de China en automoción, dado que la ventaja asiática en eléctricos es ya casi insuperable.
Por mucho que desde Bruselas se impongan aranceles a la tecnología amarilla, la distancia que nos llevan en desarrollo es tal que será imposible alcanzarlos. Y está demostrado que hay espacio para tecnologías climáticamente neutras, además de las eléctricas. La irrupción de los sintéticos es una de las razones que ponen sobre la mesa tanto las compañías energéticas como las productoras de automóviles, en Europa y América punteras en combustión, y no tanto en eléctricos, con la excepción de Tesla. De ahí que se haya introducido realismo en la alocada carrera climática de la UE, que, al carecer de planificación industrial, está siendo batida claramente por China. La realidad se impone ante el hecho constatado de que comprar un eléctrico aquí es aún demasiado caro. En motores de combustión, Europa sigue siendo imbatible. Renunciar a esa preciada posición parece suicida, por mucho que Sánchez se ponga al borde del ataque de nervios.