Los Papas y la paz
El inolvidable Pablo VI el 8 de diciembre de 1967, justo dos años después de la clausura del Concilio Vaticano II, publicó un mensaje anunciando su deseo de que el primer día del año, el 1 de enero, fuese dedicado a la paz y así fue. El 1 de enero de 1968 se celebró la I Jornada Mundial de la Paz. Comentando la decisión papal el cardenal Roger Etchegaray, entonces presidente de la Comisión Pontificia Justicia y Paz, definió la decisión de Montini como «una botella con mensaje lanzada al mar de la humanidad».
Juan Pablo II recibió la herencia y en su mensaje de 1979,pocos meses después de su elección, hizo este llamamiento a la humanidad: «No tengáis miedo de apostar por la paz, de educar para la paz: la aspiración a la paz no quedará nunca decepcionada. La paz será la última palabra de la historia».
Siguiendo tan luminosa huella hemos llegado a la 59ª Jornada Mundial de la paz, la primera del pontificado León XIV que en su primer saludo al mundo deseó «una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante». Con estas palabras se abre su mensaje hecho público el pasado jueves. Lo presentó a la prensa el cardenal jesuita Michael Czerny, prefecto del Dicasterio al servicio del Desarrollo Humano Integral, quien inició sus palabras con esta afirmación: «La paz no es un sueño utópico irrelevante. La paz no puede ser impuesta, no puede ser fabricada. No es sencillamente una cuestión de política ni un equilibrio entre el terror y el miedo».
Robert Prevost insiste en su mensaje en que «hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme sino también con un reajuste de las políticas educativas».