León XIV se lanza con una reforma «made in USA»
Siete meses de un Papado discreto, sin alocuciones públicas que suban el pan ni reformas que hayan descolocado a unos y otros dentro y fuera de la Iglesia. Esta cautela no es sinónimo de un 2025 en blanco para León XIV. Tanto las decisiones y documentos magisteriales que ha firmado como los discursos que ha pronunciado y las entrevistas y comparecencias ante los medios que ha protagonizado hablan de una sintonía con Francisco, por encima de la continuidad esperable entre un Pontífice y otro. Eso sí, desde esa impronta personal que comienza a marcar Robert Prevost con algunas pistas.
Precisamente, donde sí parece que ya está dejando huella es en su tierra natal: Estados Unidos. Este jueves la Santa Sede daba a conocer el relevo de la archidiócesis más grande de Norteamérica, con cerca de 2,5 millones de católicos distribuidos en casi 300 parroquias. León XIV aceptaba la renuncia del cardenal Timothy Dolan, tras cumplir en febrero los preceptivos 75 años, edad en la que todo obispo debe presentar su jubilación. En su lugar ha situado a Roland Hicks como undécimo arzobispo de Nueva York, un pastor de 58 años, relativamente joven para asumir el báculo de la Gran Manzana, puesto que eso le otorga al menos 17 años de liderazgo en Manhattan y más allá.
Lo cierto es que el cese de Dolan ha causado cierta sorpresa, en tanto que no es habitual que los Papas acepten el recambio de un cardenal con tanta celeridad. De hecho, el propio León XIV, en la reciente Asamblea Plenaria de los obispos italianos, comentó de viva voz que prorrogaría a los purpurados su «vida laboral» hasta los 77 años. La rapidez para sacar a un prelado de su puesto suele vincularse a problemas de salud, errores en la gestión financiera, un liderazgo autoritario… O, directamente, a discrepancias personales con el Papa correspondiente. En estos días se han multiplicado las hipótesis del posible final de Dolan, que llegó a ser presidente del Episcopado entre 2010 y 2013. Hay quien apunta a su cuestionable gestión de la crisis de la pederastia. Prueba de ello es que la Archidiócesis de Nueva York se ha comprometido hace tan solo unas semanas a desembolsar 300 millones de dólares a un total de 1.300 víctimas, un récord en materia de indemnizaciones.
Pero, sobre todo, se habla de diferencias doctrinales, pastorales e ideológicas con León XIV. El cardenal Dolan nunca formó parte del «team» Francisco, pero abiertamente tampoco ha abanderado al grupo opositor de las reformas bergoglianas. En el ámbito político sí ha abrazado los postulados de Donald Trump. De hecho, en las dos tomas de posesión del líder republicano como presidente fue el obispo católico elegido para bendecir su mandato.
En paralelo, el Papa agustino ha marcado distancias con la Casa Blanca. Siempre evitando una confrontación directa, el Papa ha reforzado las críticas del Episcopado contra las políticas migratorias de expulsión de Trump tachándolas de «inhumanas». De la misma manera, también ha cuestionado tanto el proceder con Venezuela como su plan de paz para Ucrania al considerar que implicaría «deshacer lo que considero una alianza importante hoy y de cara al futuro» entre Europa y Estados Unidos.
Y al igual que el adiós a Dolan se puede entender como una señal, el currículum del elegido para una plaza episcopal tan relevante a nivel global permite hacerse una idea del perfil de obispo y futurible cardenal que busca el primer Papa estadounidense de la historia. «Crecimos literalmente en el mismo radio, en el mismo barrio», reconoce Hicks, el mayor de dos hermanos, de padre católico y madre luterana, que se crió en South Holland, un suburbio de la urbe: «Jugábamos en los mismos parques, nadábamos en las mismas piscinas, nos gustaban las mismas pizzerías. Es así de real». Eso sí, son rivales en el béisbol. Mientras que León XIV es hincha de los White Sox, Hicks anima a los Cubs. A pesar de ello, nunca coincidieron hasta 2024 cuando el entonces cardenal Robert Prevost dio una charla en una parroquia de Joliet. Al parecer, congeniaron.
Así se configuran dos hombres de barrio que también comparten su vocación misionera. Entre 2005 y 2010, el arzobispo electo vivió en El Salvador como director regional para Centroamérica y México de Nuestros Pequeños Hermanos, una ong con hogares para niños abandonados. Esto le hace hablar un castellano perfecto, una baza a su favor, teniendo en cuenta que el futuro de la Iglesia en Estados Unidos pasa por los católicos de habla hispana. De hecho, su lema episcopal lo tiene registrado en español: el «Paz y bien» de san Francisco de Asís. «Me gustaría que sepan que no tienen un obispo que sólo habla español, sino que también tiene un enorme corazón por la cultura latina y la gente hispana», dijo este jueves tras hacerse público su nombramiento.
Además, a Hicks se le identifica directamente con el cardenal de Chicago, Blase Cupich, uno de los hombres que Francisco situó como cabeza de la Iglesia norteamericana por su apertura en cuestiones doctrinales y que ha sido objeto de no pocas críticas por el ala ultraconservadora de la Iglesia. De hecho, Cupich le nombró vicario general de Chicago en 2015, esto es, en el gestor de la Curia diocesana. El tándem fue reforzado por Francisco, que lo nombró obispo auxiliar en 2018. En 2020, el Papa fallecido le dio alas al nombrarle obispo de Joliet, una diócesis de Illinois periférica de Chicago donde ha podido desarrollar su propio estilo pastoral. Cupich fue además uno de los principales valedores de Prevost en el cónclave, artífice de recopilar un buen puñado de votos en la primer sufragio de sondeo en la Capilla Sixtina que permitió situarle a la cabeza frente al candidato italiano, Pietro Parolin.
Amén de la gestión económica, el nuevo arzobispo de Nueva York tiene por delante no pocos retos, como la pastoral vocacional: en 2024 solo ingresaron en el seminario dos futuribles sacerdotes. Él mismo ha añadido otros dos desafíos: frenar la la polarización, la reorganización parroquial y la pérdida de confianza en las estructuras eclesiásticas.