Punto de partida para hundir al PSOE y pinchar el globo de Vox
Esta noche, en las pantallas de televisión de toda España saldrán cuatro gráficos. Cuatro torretas. Primero, en azul, el Partido Popular, luego en rojo el PSOE, en verde Vox y en morado Podemos. Una imagen que estrenará el ciclo electoral en España y que contribuirá a disipar las dudas de los electores en un momento crítico de la legislatura, con el Gobierno cercado por los escándalos judiciales y políticos y la legislatura haciendo aguas.
Extremadura desprecinta el nuevo ciclo electoral en España. Es la primera meta volante de una carrera de fondo que terminará con las elecciones generales, cuando sea que se celebren. Para la estrategia nacional de Alberto Núñez Feijóo, punto de partida. Después del fiasco del 23-J, logró revalidar su liderazgo al frente de su formación política con una buena maratón con las urnas el pasado año: gallegas, vascas, catalanas y europeas. Desde entonces, se abrió un tiempo de barbecho que hoy llega a su fin.
Aunque el PP se ha cuidado de no «nacionalizar» en exceso la campaña extremeña, para potenciar el perfil de su candidata y así poder atraer a los electores menos ideologizados o procedentes de otros flancos, hay una clara intención de nacionalizar el resultado. El pasado viernes, en una conversación informal con periodistas durante la copa de Navidad del PP, Núñez Feijóo enfatizó dónde pretende su partido que se ponga el foco: en la distancia sobre el PSOE. O, dicho de otra manera, en el hundimiento del PSOE. «Es la tierra del PSOE. Si el PP le saca 10 puntos, sería un mensaje clarísimo a Sánchez», recalcó.
En Génova pretenden que el hundimiento sea un puñal que se clave en el corazón de los socialistas. Por la situación procesal del candidato y la simbología que entraña su caso para los escándalos judiciales que afectan ya no al Gobierno, sino al entorno más íntimo del presidente.
Miguel Ángel Gallardo tiene un pie en el banquillo de los acusados por, supuestamente, enchufar a David Sánchez, «hermanísimo» del jefe del Ejecutivo, en la Diputación de Badajoz, con un puesto «ad hoc» como jefe de la Oficina de Artes Escénicas. Una causa que, desde que estalló, toda la feligresía socialista ha enmarcado en el «lawfare» que persigue injustamente a los familiares de Sánchez por el mero hecho de ser sus familiares y no por los indicios de que, en alguna de sus conductas, han podido incurrir en delitos.
Frente al discurso de la guerra judicial que con tanto ahínco agitan el presidente y sus acólitos, el PP cree que la derrota de Gallardo será también la afirmación de que el victimismo no cala y de que el ciudadano no perdona con su voto.
El otro gran objetivo del PP para este domingo es pinchar el globo de Vox, bien inflado de un tiempo a esta parte por algunos gurús cercanos a la Moncloa. Nadie discute que el partido de Santiago Abascal atraviesa una primavera demoscópica que permite a Sánchez dos cosas: agitar el miedo de que viene el lobo de la ultraderecha, por un lado, y debilitar la imagen Feijóo, por otro. La previsión es que Vox suba, sí, pero ¿y si la distancia que separa a ambos partidos es de unos treinta puntos?
Para las citas venideras, perdería intensidad el relato de que el PP se encuentra amenazado por un posible sorpaso de Vox. Claro que a nivel nacional las cifras pueden ser diferentes de lo que ocurra hoy en Extremadura, pero Extremadura, de alguna forma, configura un marco de opinión.
También ha medido el PP el escenario postelectoral. Si no se consigue la absoluta, coincidirá la negociación de María Guardiola con Vox con la campaña electoral en Aragón, donde Jorge Azcón ha convocado por el mismo motivo: la imposibilidad de sacar adelante unas cuentas públicas como consecuencia de la «pinza» entre el PSOE y Vox.
Si el PP de Guardiola logra un resultado más que notable y Abascal pone encima de la mesa condiciones inasumibles o dificulta la negociación, cargará de razones a Azcón en su justificación electoral. Y le abrirá una vía de voto útil procedente de otros flancos. Descartada la posibilidad de que Pilar Alegría remonte, la disyuntiva, una vez más, vuelve a ser si el PP gobierna solo o con una compañía que no le facilita, ni mucho menos, la estabilidad.
Y así, sucesivamente, con Castilla y León y Andalucía. Una maratón en la que Feijóo quiere, primero, hundir al PSOE y luego pinchar el globo de Vox.