Creo que fue Jorge Bustos quien dejó la definición más certera de Podemos. La tribu de Iglesias –lo era entonces y el tabernero continúa pastoreando el rebaño morado entre caña tibia y tapa rancia– es, esencialmente, un estado de ánimo. Añadía Bustos que la formación acabaría desinflándose porque nadie puede vivir cabreado de forma permanente. Y añado: tampoco se puede prometer el cielo mientras chapoteas con los pies hundidos en el fango de tu incongruencia. Podemos se diluyó también por esa costumbre tan fieramente de izquierdas de apuñalarse con la inquina del que comparte el fracaso pero reclama para sí la propiedad privada –y exclusiva– del éxito. Ahora los morados vuelven a sentirse con fuerzas para abandonar el mundo de...
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