El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page , ha trazado este miércoles un diagnóstico sombrío sobre la situación política española durante la apertura del foro Perspectivas 2026, organizado por The Objective en Casa de América. En una intervención cargada de advertencias, el dirigente socialista ha asegurado que España se encuentra «en el momento más alejado del espíritu de la Transición», una actitud que considera «vigente» y necesaria para afrontar la polarización actual. García-Page ha alertado de que en el país «circula un odio impostado, artificial, buscado de arriba abajo», un clima que atribuyó tanto a la estrategia de los «gestores del odio» como a la ausencia de un liderazgo capaz de recomponer consensos. A su juicio, este ambiente «espeso, enfrentado y controvertido» no procede de una crisis económica, sino de una degradación del debate público. El presidente castellanomanchego ha arremetido contra el independentismo, al que definió como un «populismo territorial» surgido al calor de la crisis económica, y situó al Gobierno de Pedro Sánchez en «un laberinto sin salida», atrapado en una dinámica cortoplacista que, según dijo, afecta a toda la política nacional. García-Page ha lamentado que España haya pasado de preguntarse «qué hacer» ante los grandes retos económicos o internacionales a plantearse «qué es», en referencia al debate identitario que a su juicio reabre la plurinacionalidad. Ese desplazamiento, ha asegurado, «ha colado discursos enormemente dañinos», especialmente para los más jóvenes. Pese al tono crítico, el presidente autonómico ha cerrado su intervención con una nota de esperanza. Deseó que en 2026 —coincidiendo con el 50 aniversario del inicio de la Transición— España recupere «el camino del interés general», diferenciándolo de la mera suma de intereses particulares: «El interés general es interés general». Ha reivindicado aquel periodo histórico como una obra colectiva de la que «todos deberíamos sentirnos orgullosos», y subrayó que el país puede volver a mirarse en ese espejo si es capaz de limitar el populismo, aspirar a consensos y fomentar una política que sea «un medio y no un fin en sí mismo».