La Euroliga vive instalada en una paradoja similar a la del capitalismo: si este, para funcionar, necesita un crecimiento continuo que desafía las limitaciones del planeta en el que vivimos, la Euroliga ha fiado todo su progreso de estos 25 años a un crecimiento que también está alcanzando los límites que le marcan el calendario, la salud de los jugadores y la posibilidad plena de los técnicos para trabajar con sus plantillas.
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