La derrota en Stamford Bridge dejó heridas, pero también un rastro evidente: en esos minutos finales, casi residuales para cualquiera menos para él,
Raphinha (28 años) dejó ver una chispa distinta. No era una sorpresa, sino la confirmación de lo que en el vestuario, especialmente en el cuerpo técnico de
Flick, se sabía desde hacía semanas: cuando el brasileño regresara, el Barcelona recuperaría una pieza esencial para su estructura competitiva.
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