Cuando era pequeña, Paula -la hija de Isabel Allende a quien la autora dedicaría una de sus obras más célebres tras fallecer en 1992- tenía que ir al dentista. Su madre le advirtió que iría a recogerla al colegio y que no se subiera al transporte escolar, pero Allende lo olvidó por completo porque estaba trabajando. En su casa no había teléfono fijo y, por supuesto, tampoco móviles. «La maestra llamó a todas partes. Hasta que Paula le dijo: 'Llame a mi abuelo, que es príncipe y vive en un palacio '. Ella solo se sabía de memoria tres teléfonos y ese era uno. La maestra lo hizo y le contestaron: 'Buenas tardes, palacio de la Moneda'. Se quedó de...
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