Fue el alcalde de Vigo, ese señor verborreico que parece salido de una película de Ozores, el que jodió el Perú. Pero detrás de él han venido todos los demás a darle al botoncito de la iluminación navideña en noviembre. Uno está ya resignado a que los supermercados pongan la estantería de los mantecados a granel en verano. Pero el cachondeo de las luces cuesta más porque cada vez es más difícil saber si las bombillas celebran el solsticio de invierno, que diría el inolvidable Torrijos, el nacimiento del Niño Jesús o la navidad laica. La empresa Ximénez de Puente Genil, que es la más avanzada en la prestación de este servicio en España, ha tenido que adaptarse a las...
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